Rafael Nadal busca hoy ante el suizo Stanislas Wawrinka su décimo Roland Garros, la segunda posición de la clasificación mundial y el pasaporte a la inmortalidad. | EFE

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La gloria espera a Rafael Nadal, que esta tarde (15:00/Cuatro/Eurosport) aspira a inmortalizar su nombre en Roland Garros. Stanislas Wawrinka es el último obstáculo en la carrera por el gran objetivo del ‘manacorí’, ante la oportunidad de alcanzar el doble dígito en París para un palmarés de leyenda. En su 22ª final de un grande tiene la oportunidad de conquistar su décima Copa de los Mosqueteros, dejar atrás el registro de 14 trofeos de Grand Slam de Pete Sampras, escalar a la segunda posición de la clasificación mundial y perpetuar su condición de rey de la tierra batida.

Nadal está donde quería. Aparece esta tarde en la Philippe Chatrier con el nivel óptimo, en el sitio adecuado y en el momento oportuno. Llega al gran desafío del año a punto en lo físico, lo tenístico y lo psicológico. Está fresco de piernas, jugando con su mejor versión, sobrado de experiencia y con la confianza que le confiere todo esto junto a su espectacular temporada en arcilla (23 triunfos y una derrota).
La agresividad de Wawrinka es la principal amenaza.

Nadal tiene que dar continuidad a su gran dinámica y vigilar que su adversario no disponga de opciones claras para atacar. El de Lausana es capaz de golpear muy fuerte a la pelota desde cualquier posición tal como acreditó en la semifinal ante Andy Murray (81 ganadores) y hoy elevará aún más el listón, aunque también tendrá que minimizar los errores si quiere sorprender a un Nadal sobresaliente. Si el mallorquín da continuidad al dominio que ejerce con su derecha y al despliegue de intensidad y consistencia allanará el camino hacia el título.

Dificultades
Será todavía más complicado por tratarse de una final, pero Wawrinka tiene un juego y un esquema de partido que se asemeja al de Thiem. El revés a una mano del jugador helvético marca la estrategia y Nadal, como ya hizo contra el austríaco y como tantas otras veces contra Federer, tiene la oportunidad de incomodar este golpe con sus bolas altas. Precisamente llevar al rival a posiciones comprometidas para golpear es una de las premisas establecidas para intentar marcar las diferencias.

La baza de la experiencia está al lado del nueve veces campeón de la Copa de los Mosqueteros, aunque en esta ocasión se topará con un rival que ya ha triunfado sobre la tierra de París y cuenta en su palmarés con otros dos grandes. Frente a frente el nueve de nueve del balear en el Bosque de Bolonia y el tres de tres de Wawrinka en los grandes. El de Manacor tiene el control en este aspecto aunque su rival ha acreditado que es un hombre de grandes torneos y que se crece en estas citas.

Eso sí, la final se juega en el escenario preferido de Nadal, la Philippe Chatrier, donde solo ha perdido dos veces y ha ganado más del 80% de encuentros que ha disputado en Roland Garros, donde presume de balance: 78 victorias en 80 partidos. Las dimensiones de la pista se convierten en un buen aliado del zurdo de Manacor, que tiene la posibilidad de defender atrás y recuperar terreno a la línea de fondo para atacar. Además, su juego largo y de cambio de direcciones es capaz de desubicar a su adversario. El primer set, si cae del lado del mallorquín, será medio título.

A pesar de que la última final de Grand Slam que protagonizaron cayó del lado del suizo, cabe recordar que aquel duelo en Australia en 2014 quedó condicionado por la lesión de espalda de Nadal. El balance entre ambos es muy favorable al tenista isleño, que ha ganado 15 de las 18 veces que se han visto las caras, se impuso en su único encuentro en París y salió airoso seis de las siete veces que chocaron sobre la superficie roja. Otra buena noticia para el gran favorito es la meteorología, ya que las previsiones aventuran una jornada soleada en la que el mallorquín se mueve como pez en el agua. Su pelota tiene un bote más vivo y las condiciones son las que le gustan para hacer mella en un rival que no brilla por lo físico y llega al encuentro decisivo tras una maratoniana semifinal ante Murray.

Pase lo que pase uno de los dos contendientes romperá su estadística inmaculada. Rafael Nadal nunca ha perdido una final de las nueve que ha disputado en Roland Garros y Stanislas Wawrinka siempre ha levantado el título las tres veces que ha jugado el encuentro decisivo de un grande. Además, el ganador del partido aparecerá mañana como número dos del mundo.