Darder felicita a Raíllo tras anotar el empate a uno ante Las Palmas. | PRENSA2

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Javier Aguirre miró al banquillo al final del primer tiempo y vio a Sergi Darder con el diez a la espalda. No se lo pensó dos veces y le mandó calentar. El primer tiempo, pese a los dos balones enviados a la madera, el equipo se mostraba excesivamente espeso y le costaba una enormidad generar fútbol. El mexicano pensó que tenía a uno de los mejores creadores de la Liga en la convocatoria y que poco o nada importaba si había o no entrenado con el resto de compañeros.

Los buenos futbolistas como Sergi tienen interiorizados sus movimientos, juegan de memoria, saben dónde situarse y dónde poner el balón. El talento hace el resto. Así que con todos los condicionantes de viajar el viernes de Barcelona, firmar el contrato y subirse al avión de nuevo para Las Palmas, el entrenador decidió darle la manija en la zona ancha y que fuera él quien agitara el partido.

Y lo hizo. Nada más entrar empezó a destilar su fútbol de muchos quilates. Recibir y entregar rápido. Un balón al espacio para Muriqi fue su carta de presentación. Morlanes casi finaliza en gol. Después lanzamiento de esquina y diana de Raíllo. Justicia poética. Dos de los grandes protagonistas de la semana se asociaban para marcar el tanto del empate ante Las Palmas y abrir de nuevo el partido.
El central cordobés se alzó con poderío para aprovechar el centro de Sergi. Antes también el de Artà había puesto un centro precioso de falta a la que casi llegan al remate Larin y el propio Raíllo.

Los compañeros del capitán le arroparon para celebrar el tanto, que abría de nuevo la esperanza para cetificar la remontada, aunque el empate no era un mal resultado. Lo más imporante fue el paso adelante que dio futbolísticamente el equipo en el segundo tiempo y eso que Samu y Larin acumulan muy pocos entrenamientos con el Mallorca y Sergi ninguno.

El espectáculo de Sergi siguió hasta el final del partido y el estadio de Gran Canaria enmudecía en cada ocasión que el artanenc se disponía a lanzar un saque de esquina o simplemente tocaba el balón.
La presencia de Larin pasó bastante más desapercibida, no así la de Samu Costa en el segundo tiempo, que permitió al equipo tener más equilibrio en la sala de máquinas. El Mallorca del segundo tiempo destiló fiabilidad.