El delantero del Mallorca Abdón muestra su alegría tras conseguir el gol de la victoria ante el Rayo Vallecano al final del encuentro correspondiente a la jornada 37 de primera división que disputan este domingo en el estadio de Son Moix, en la capital balear. | EFE/CATI CLADERA.

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Un partido para definir un futuro. A 90 minutos para el cierre de la temporada, el Mallorca lo tiene todo por hacer. El equipo de Javier Aguirre, que ha conseguido llegar a la función final con vida y un cuerpo de ventaja sobre el Cádiz, se juega esta tarde su continuidad en la parrilla de la Primera División en una jornada diabólica y en un encuentro sin escapatorias. Una victoria frente a Osasuna o una derrota del Cádiz en Vitoria arreglarían de golpe el destino de los bermellones, que por si acaso disponen también otras combinaciones para escapar de las brasas y de casi un millar de aficionados que les empujarán desde las gradas. Porque para bien o para mal, todo acaba en Pamplona (El Sadar, Movistar LaLiga, 20.00 horas).

Casi una década después, el Mallorca llega a la última fecha del calendario con la permanencia en juego y la opción de mantener su rango a tiro de piedra. Desde 2016 no repite categoría de una temporada a otra el conjunto insular, que durante su viaje ha pasado por tres escalones distintos sin llegar a detenerse más de un año en ninguno de ellos. Hace dos llegaba descendido a la última jornada, también en El Sadar, después de perder en casa contra el Granada. Una situación parecida a la de este año si no fuera porque esta vez, entre una cosa y otra, el Mallorca ha conseguido reunir cuatro puntos (un empate en Sevilla y un agónico triunfo a costa del Rayo) y situarse por delante del Cádiz gracias a su mejor balance en los dos duelos directos del curso.

Sin embargo, baleares y gaditanos entran igualados en la recta de meta y cualquier desliz puede ser determinante para la composición definitiva de la clasificación. El tercer equipo en la ecuación es el Granada, que en cualquier caso cuenta con una ventaja notable sobre los otros dos. Juega en casa y solo se iría al pozo en tres de las 27 combinaciones de resultados posibles de la última jornada.

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El Mallorca, que descendería en una tercera parte de los supuestos, sabe que el camino más corto hacia la salvación es la victoria y que ganando en Pamplona no tendrá que mirar a ningún otro sitio. Aunque para tomar El Sadar está obigado a exponer la mejor versión de sí mismo fuera de casa, algo que no consigue desde que sorprendió al Atlético de Madrid en el Metropolitano a comienzos de diciembre. Desde entonces ha hilvanado nueve derrotas como foráneo y ese milagroso empate en el Pizjuán, que es el que ahora marca las diferencias. Por si fuera poco, el conjunto rojinegro irrumpe en uno de los estadios que más se le atragantan, sobre todo en Primera. Solo ha ganado una vez y fue hace trece años.

Aguirre, que regresa a un territorio amigo, tiene mucho donde elegir a la hora de diseñar su último plan, aunque todo apunta a que no será muy diferente al de los últimos que ha trazado. Pese a la inversión del pasado verano, el mexicano ha encontrado a su bloque más sólido entre la vieja guardia de la plantilla y acudirá al frente en brazos de tipos como Manolo Reina, Salva Sevilla o Abdón Prats, a los que a principio de temporada casi nadie habría metido en las alineaciones habituales. Para el portero malagueño, que ha sido relegado a la suplencia por los otros tres guardametas del plantel antes de volver a ejercer como salvador, será el último baile. Puede que también lo sea para el centrocampista almeriense cuyo contrato caduca en unas semanas. Los dos querrán ponerle un bonito lazo a un ciclo lleno de emociones que con la permanencia dibujaría un final absolutamente redondo.

Como en las grandes finales, el entrenador del Mallorca se ha llevado a Pamplona a toda la plantilla, incluidos los lesionados. Hay más que tres puntos sobre la mesa y Javier Aguirre, además de no querer que nadie se lo pierda, es consciente de que todo suma. Seguir siendo de Primera depende de ellos. De la gloria al abismo hay solo un triunfo de diferencia.