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El Real Mallorca ha dado un paso al frente en la carrera por la permanencia en Primera División y lo ha hecho gracias a una agónica victoria ante el Rayo Vallecano. Corría el minuto 91 con empate a uno en Son Moix y un gol del Cádiz ante el Real Madrid mandaba a los bermellones a Segunda División, el tanto llegó, pero fue en Palma, donde los gritos de la afición retumbaron más allá de las paredes de un estadio en el que se desató la locura. Casi 18.000 lo celebraron por todo lo alto en las gradas, aunque desde muchos rincones se pudo sentir la euforia que desató otro milagro de Abdón Prats.

Con muchos cruzando los dedos, otros evitando mirar, algunos pendientes de las noticias que llegaban de las radios y con todos con el corazón encogido, un centro de Pablo Maffeo desde la derecha lo peinó Kang In Lee en el área haciendo que la pelota quedara en los pies del delantero de Artà. Entonces el tiempo se detuvo un segundos. Unas centésimas de silencio entre que controló a duras penas, cargó la pierna como si aquello ocurriera a cámara lenta y fusiló a Dimitrievski con un tiro mordido que ingresa directamente en la galería de los mejores recuerdos de la afición del Mallorca. Del segundo de silencio a la euforia incontrolada, de la agonía a la liberación y hasta las lágrimas de emoción por el gol y, después, por el autor, el especialista de los goles más importantes de la historia reciente de la SAD balear.

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Más allá de los resúmenes o las tomas de televisión, pocas grabaciones transmiten la emoción como las que han compartido aficionados mallorquinistas como @Giffs73 o @mmaremallorca. Un gol que puede valer una salvación y que supuso una gran alegría para el mallorquinismo tras muchos minutos de sufrimiento y angustia desde que Pathé Ciss lograra el empate y tuviera contra las cuerdas a los hombres de Javier Aguirre. Los momentos de felicidad y cánticos posteriores al tanto del artanenc que ha compartido @LuiSNeng1 tampoco tienen desperdicio.

La pasión se desató en muchos rincones más allá de la grada como en la retransmisión del partido que realizaba el propio club como en un grupo de seguidores mallorquinistas que sufrió y disfrutó al final del partido en un bar de Madrid, donde la popular Peña Meseta volvió a congregarse para animar desde la distancia. El sufrimiento valió la pena, pero al Mallorca aún le queda una última jornada para alcanzar el objetivo de la permanencia. Volverá a ser una tarde de emociones fuertes en Pamplona, en la Isla y en todos los lugares en los que se sienten los colores rojo y negro.