El defensa del Mallorca, Pablo Maffeo, protege el balón ante el delantero brasileño del Celta, Thiago Galhardo. | CATI CLADERA

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No fue un partido de fútbol. Fue algo insufrible, con patadones arriba, balones de playa que parecían un boomerang y la sensación de que hubiera sido mejor no jugar y dejarlo para una mejor ocasión. Porque Mallorca y Celta no pudieron ofrecer nada (o muy poco) a los más de 10.000 valientes que se acercaron a Son Moix. Porque el partido estuvo condicionado por las fuertes rachas de viento, en algunas fases del encuentro huracanados, y bastante tuvieron bermellones y celtiñas con intentar controlar el esférico. Hubo saques de puerta que apenas salieron del área y despejes desde la defensa que el viento a favor convirtieron en veneno para el enemigo.

El Mallorca disfrutó del viento a favor en el primer acto (interminable, plagado de incidentes y con el susto de Santi Mina tras recibir un balonazo en la cabeza) pero curiosamente las mejores ocasiones llegaron en el segundo tiempo. Maffeo y Ángel llegaron a inquietar a Dituro, aunque sin demasiada convicción. El Celta también vio de cerca el gol en medio del vendaval. Sobre todo en los instantes finales, pero entonces emergió la figura de Manolo Reina.

El empate a nada le permite al Mallorca alcanzar la cota 20, que es prácticamente la mitad del objetivo, a falta de dos capítulos para cerrar el libro de la primera vuelta. Son buenos números. Granada y Barça bajarán el telón de este primer acto.    Esperemos que esta vez sin el dios Eolo.