El centrocampista ghanés del Mallorca, Iddrisu Baba (d), disputa el balón ante el defensa uruguayo del Getafe, Mathias Olivera. | CATI CLADERA

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Las crisis en los equipos de fútbol suelen negarse hasta que ya no hay vuelta atrás. Seguro que en el seno del Levante no hay crisis, ni en el Getafe —que no juega a nada— ni en el Elche, ni en el Granada. Y mucho menos en el Mallorca. Las crisis se niegan las veces que haga falta porque siempre hay motivos para agarrarse a algo que pueda desviar la atención. En el conjunto balear no hay crisis porque el equipo no está en descenso, pero los equipos que están ocupando las tres últimas posiciones tampoco están en crisis porque en dos zarpazos salen de abajo. En este escenario sumar como ha sumado el Mallorca 5 puntos de los últimos 21 posibles y haber ganado un partido desde el 2 de octubre no es estar en crisis por el simple hecho de que hay otros que están peor. Es cierto. Se entiende por lo tanto que el conjunto de Luis García se encuentra estable en una situación delicada.

El grupo mantiene el tipo gracias a lo poco que va sumando por aquí y por allí, pero que por ahora es suficiente para mantenerse derecho como un funambulista que sigue paso a paso recorriendo el tenso alambre y viendo cómo el abismo asoma bajo sus pies. Pero sobrevive. Sigue sumando metros, partido a partido y punto a punto. Si será suficiente o no eso es otra historia. Luis García cree que sí y esto debe ser suficiente aval. Si el entrenador piensa que con lo que ofrece el Mallorca da para salvarse no hay que preocuparse. Sin embargo, más allá del país maravilloso que suele siempre venderse desde las salas de prensa, el equipo ha perdido identidad en su juego y también fiabilidad. Puede moverse por impulsos, dar un par de arreones en los partidos, pero no es el equipo cuyo patrón de juego le permitió empezar con cierto optimismo.

El Mallorca se diluye en los encuentros y le cuesta imponerse a los rivales. Pero de momento le da para sobrevivir y, efectivamente, para no caer en descenso. Y a este paso, a poco que mejore, seguirá viviendo de esas mínimas rentas hasta no se sabe cuando. Porque por ahora los de abajo son extraordinariamente malos. Equipos de un perfil muy bajo y que teóricamente deberían dar un paso adelante ante la dramática situación que viven no lo están dando y permite a los bermellones mantener vivas sus constantes vitales en el torneo.

El verdadero problema son las muchas oportunidades que ha perdido el Mallorca para decir definitivamente adiós a la zona volcánica. Seis puntos más, sin ir más lejos, sería una distancia sideral con el vagón de cola y tal y como se están dando los resultados sería un colchón que valdría su peso en oro. Pero no ha sido así y el margen de error es mínimo. Ahora llega otro partido comprometido en el Wanda el sábado ante un rival que no es de la Liga del Mallorca.