En el nombre del padre. Pepe posa junto a su hijo Pablo, en la jornada de ayer. A la derecha, arriba, el padre durante su etapa como jugador del Mallorca. Debajo, su primogénito celebra un gol con el Mallorca B.

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El padre, Pepe, fue en su momento el futbolista más joven en debutar con la camiseta del Mallorca, hizo carrera en el Valencia y en el Betis antes de colgar las botas en el Burgos. Tiene 46 años y vive alejado del fútbol (tiene una gasolinera low cost en el polígono de Son Bugadelles) tras dirigir de forma efímera -apenas seis partidos- al primer equipo hace poco más de un lustro. El hijo, Pablo, acaba de meter al filial bermellón en la final por el ascenso a la Segunda RFEF -el sábado ante el Formentera- con un gol en el minuto 118 de la prórroga ante el Playas y en Calvià... su lugar de residencia. Tiene 19 años, es una las joyas de la cantera y acaba de renovar para las tres próximas temporadas. Ambos llevan el fútbol en la sangre, aunque el niño ve más fútbol que el padre, y se apellidan Gálvez.

Tradición

La saga continúa. Nacido en Burgos el 30 de octubre de 2001, pero criado y residente en Calvià, en Cas Català concretamente, Pablo quiere seguir la estela de su padre, que fue internacional sub-21 y al que una serie de lesiones en el mejor momento de su carrera le apartaron de la absoluta. Con un balance notable en el fútbol de élite (338 encuentros y 78 goles), Pepe Gálvez no esconde ese orgullo de padre que siente al ver a su hijo mayor (tiene una niña de 17 y otro pequeño de 11 que juega en el alevín de La Salle) recorriendo el mismo camino que él hizo en su día.

«Es un chico con la cabeza muy bien amueblada, que sabe lo que quiere y que ahora comienza a recoger el fruto a tantos años de ilusión y de esfuerzo. El gol del otro día es muy importante para su confianza y su fortaleza mental», apunta a este periódico Pepe Gálvez, que reconoce haber visto el partido ante el Playas con «sentimientos encontrados» por su pasado en el club calvianer como gestor.

«Es una lástima porque esta zona se merece un club en una categoría nacional. Viví el gol de mi hijo con mucha emoción porque sé todo el trabajo que está realizando por cumplir su sueño», señala.

Su hijo también se formó en el Calvià, como él, y con 9 años se marchó al Mallorca. A Pepe no le gustan las comparaciones y reconoce que para su hijo «no creo que haya sido fácil tener un padre futbolista porque se le mira más que a los demás y comentan lo típico; que si está aquí es por ser hijo de quien es... pero él lo ha sabido llevar muy bien».

Dicen que las comparaciones siempre son odiosas, aunque Pepe se atreve a hablar de los Gálvez en plan fútbol. «La gente dice que nos parecemos, aunque creo que es muy diferente a mí. Entiende mejor el juego que yo, tiene más calidad técnica a nivel global, como en los controles, y es más alto y más fuerte... Yo tenía más velocidad y era un poco más goleador que él, aunque esta temporada se está soltando (suma 14 goles)», bromea el padre.

Pepe Gálvez, que debutó en Primera antes de cumplir la mayoría de edad, reconoce que a él le vino todo «más rodado y muy pronto», mientras que Pablo ha tenido un «crecimiento más progresivo, más lento y quizás está dando el salto en el momento exacto. No era un jugador franquicia en las categorías inferiores y ha sido ahora cuando ha despuntado».
El espejo en el que se mira Pablo Gálvez es, según su padre, «Benzema y también le gustan los movimientos de Budimir». Pepe no es un «brasas» a la hora de darle consejos a su primogénito aunque sí que «él me pide cómo lo he visto y entonces le hablo más desde un punto de vista de entrenador». A Pepe le encantaría ver a su hijo debutar con la camiseta del Mallorca. «Eso sería un sueño. De momento no deja de ser un jugador de proyección y que tiene que seguir progresando. Tiene condiciones, es competitivo y es fuerte a nivel mental». La saga Gálvez continúa...