Los jugadores del Mallorca en el partido ante el Mirandes. | Miquel Àngel Borràs

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Desde que se implantó la Liga de los tres puntos por victoria, en la temporada 1995-96, el Real Mallorca solo ha sumado 70 puntos o más en tres ocasiones en categoría profesional.

La primera vez sucedió en la temporada 96-97. Tras quedarse a las puertas del ascenso en la campaña anterior, cuando finalizó el curso con 69 puntos y perdió ante el Rayo Vallecano en la promoción de ascenso, el grupo dirigido entonces por Víctor Muñoz volvió a intentarlo. A mediados de abril y con el Mallorca liderando la categoría con tres puntos de ventaja sobre el Salamanca, tercer clasificado, el presidente Bartolomé Beltrán tomó la decisión de destituir al técnico aragonés por la línea descendente -dos puntos en las tres jornadas anteriores- del conjunto. Tomeu Llompart y Pep Bonet asumieron las riendas de un Mallorca que perdió esa privilegiada posición en ascenso directo y que volvió a jugárselo todo en la promoción y con el Rayo Vallecano de nuevo como rival.

En esta ocasión la fortuna le sonrió y un gol de Carlos Domínguez a pase de Stankovic desembocó en el ansiado retorno a la Primera División un lustro después. El retorno a la máxima categoría fue por la puerta grande. De la mano de Héctor Cúper se clasificó por primera vez en su historia para competición europea, alcanzando la final de la Recopa en su debut; fue finalista de la Copa del Rey y alzó la Supercopa de España. Con el técnico argentino, el Mallorca sumó 60 y 66 puntos respectivamente, pero la llegada de Luis Aragonés pulverizó todos los registros anteriores. Con Eto’o como figura, el Mallorca totalizó 71 puntos para acabar tercero con 8 puntos más que un Barcelona que ese curso dirigieron Serra Ferrer y posteriormente Charly Rexach.

Después de dieciséis años paseando con las estrellas, llegó la doble debacle con el descenso a Segunda y la posterior caída al abismo de la Segunda B. Vicente Moreno les rescató del pozo con 73 puntos y ahora Luis García Plaza les puede devolver a la nobleza con una puntuación para entrar en el Libro Guinness de los récords.