El valenciano, un ‘enfermo’ del fútbol, ha construido en el Mallorca un cuerpo técnico totalmente nuevo y compacto que tiene en cuenta hasta el más mínimo detalle | Pere Bota

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Las paradas de Reina, la seguridad de Raíllo, los fogonazos de Lago Junior o los goles de Abdón. Y por encima de todo, el método Moreno sobre un fondo rojo y negro. En poco más de tres meses, el entrenador valenciano y su procedimiento han alterado la personalidad de un Mallorca que tras tocar fondo en verano vuelve a tener mentalidad ganadora.

Un enfermo del fútbol que en Son Bibiloni trabaja abrigado por otro equipo de profesionales, algunos incorporado al círculo por él mismo y otros forjados en la factoría de la carretera de Sóller, que funciona como un dispositivo perfectamente sincronizado, en el que todas las áreas están señalizadas y en el que se cuidan todos los detalles, por ínfimos que parezcan. Antes, durante y después de cada partido.

En el tiempo que lleva en Mallorca, Moreno ha armado dos equipos en paralelo que confluyen a diario. Uno dentro del campo y el otro en torno al área técnica que nada tiene que ver con el que le acompañaba, sin ir más lejos, cuando estaba a los mandos del Nàstic. Una vez confirmado su fichaje, reclutó como segundo de a bordo a Dani Pendín, el exfutbolista argentino con el que coincidió en el Xerez y con el que comparte su obsesión por la estrategia. Se encarga de aliñar todo lo que ocurre alrededor de la pizarra y en los dos sentidos.

El triángulo de Chapín lo amplió con Dani Pastor, que fue preparador físico del conjunto gaditano durante la etapa de Moreno como futbolista. Tras acompañar a Manolo Jiménez en el Sevilla, el Zaragoza o el AEK de Atenas, el sevillano había pasado los últimos años en San Petersburgo (Rusia), donde trabajaba para el primer equipo y el filial del Zenit. Se encarga de gestionar el combustible de la plantilla. Y de momento ha conseguido que el equipo supere la décima jornada del campeonato sin haber padecido una sola baja por lesión.

Moreno completó el póquer con el fichaje de Fernando Maestro. El exguardameta catalán acumuló durante su carrera casi 500 partidos en Segunda B y dejó una profunda huella en el Alcoyano, con el que ascendió a Segunda A. Se marchó de Fuerteventura —donde había residido últimamente y donde combinaba su labor en el CD Cotillo con un trabajo en el sector servicios— y se embarcó en la aventura que le proponía el míster desde Palma.

El equipo M se amplía con otro puñado de buenos profesionales que ya formaban parte del Mallorca, como Jaume Moll, Xim López, Verónica Sebastianes, Magí Vicenç, Sebastián Socías o José Martín. Ellos son la otra cara del líder.