Llorenç Serra Ferrer se abraza a Joaquín Caparrós tras la despedida del utrerano como entrenador del Mallorca. | Jaume Morey

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Llorenç Serra Ferrer mantiene abierta la puerta de la venta del Real Mallorca. El máximo accionista y vicepresidente del club balear no contempla un horizonte demasiado lejano desde la poltrona de Son Moix y durante los últimos meses ha mantenido una serie de contactos con Stefan Wierig, integrante de un grupo suizo-alemán que desde hace aproximadamente un año y medio se ha mostrado interesado en desembarcar en la SAD isleña. Desde entonces ningún acuerdo ha cristalizado a pesar de las numerosas conversaciones, aunque la convulsa situación por la que atraviesa el Mallorca podría forzar al pobler a acelerar sus pasos. No obstante, cualquier pacto que se plantee en esa dirección está supeditado a Pedro Terrasa, que tiene sindicadas sus acciones.

El escenario sobre el que permanece Serra Ferrer sigue resultando particularmente incómodo. El vicepresidente y director deportivo no ha encontrado estabilidad en el plano futbolístico, pero tampoco a nivel social o económico y los problemas se le amontonan a las puertas del despacho. Además, meses atrás estuvo a punto de perder el control del Mallorca y si aún lo mantiene es gracias a una frágil alianza con Gabriel Cerdà. El también consejero, accionista y apoderado, que con sus movimientos forzó la marcha de Jaume Cladera, ejerce como bisagra en el accionariado y seguirá representando un papel protagonista en todo lo que suceda en la planta noble.

De momento, el grupo suizo-alemán al que representa Stefan Wierig no ha renunciado todavía a acceder a las entrañas del Mallorca y mantiene la intención de hacerlo a medio plazo. El empresario alemán, relacionado con empresas dedicadas a la construcción de instalaciones deportivas que también podría haber estar vinculado como agente externo a una gran entidad bancaria germana, es por el momento quien ha encabezado esas conversaciones con Serra que se han ido reproduciendo en los últimos tiempos y que podrían intensificarse a final de temporada.

El interés por el Mallorca de los empresarios suizos y alemanes fue desvelado a finales de 2011 por parte de Jaume Cladera. El expresidente se refirió públicamente a ellos en numerosas ocasiones y anunció una batería de encuentros que, en cualquier caso, tampoco arrojaron ningún resultado. Junto a Wierig en aquel momento se encontraba también Alexander Motzner, y ambos se comprometieron a viajar a la Isla a principios de 2012 para seguir abordando los detalles de una transacción que podría haber alterado otra vez el rumbo de la entidad mallorquinista. Sin embargo, el encuentro definitivo nunca llegó a producirse y el propio Cladera dio por zanjado el asunto tras arremeter contra el grupo por su falta de seriedad y continuidad en las conversaciones para la supuesta venta. «No han cumplido», remarcaba.

Algo más de un año después, parece que Serra Ferrer se niega a archivar el tema y podría esconder aún algún as bajo la manga, aunque también se encuentra maniatado a la hora de ejecutar ciertos pasos. Entre otras cosas, porque el obstáculo de Pedro Terrasa -que denunció que el pobler había «pedido tres millones para él», insinuando que se trataba de una cantidad en B- parece insalvable, pero tampoco es el único. Cuando se conoció el interés de suizos y alemanes el propio Utz Claassen aseguró, a través de una carta dirigida al consejo, que contaba con un derecho preferente para adquirir las acciones de Serra si éstas salían a la venta y aunque ahora permanece en un segundo plano, podría pronunciarse al respecto.