El jugador uruguayo del Mallorca Gonzalo "Chori" Castro disputa un balón con Barral (i), del Sporting de Gijón. | Efe

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El Mallorca de Caparrós ya ha sufrido el primer colapso. Después de completar con el rostro erguido las dos primeras etapas de su Tourmalet particular, los rojillos lanzaron anoche a la basura uno de esos partidos que suelen aparecerse en forma de fantasma cuando la temporada agoniza y el calendario se estrecha. El equipo balear, que tenía la ocasión de coger altura a costa de un oponente de su talla, recuperó sus peores vicios en el peor momento posible y acabó regalando al Sporting un partido que tenía encadenado y bajo su manto. Sorprendentemente, los bermellones se desconectaron de la función en un segundo tiempo para enterrar y acabaron entregados a la mayor eficacia de los asturianos después de exponer las miserias de su sistema de seguridad (1-2).
Por primera vez desde que se oficializó el cambio de gobierno en el vestuario, llegaba la hora de medir con exactitud el alcance del efecto Caparrós. El Mallorca había resistido en pie los empujones de Valencia y Atlético, pero hacía falta algo más. La liga le había reservado un oasis entre las visitas al Calderón y al Camp Nou y el grupo, liberado al fin de las cadenas que transportaba, se veía obligado a dar un paso al frente cogiendo los mandos, echándose al hombro el guión del partido. Y lo hizo. Aunque fuera únicamente durante un tramo de la velada...
Buena salida
El cuadro bermellón, dotado de ese carácter que suele imprimirle el entrenador utrerano a sus escuadras, se puso el cuchillo entre los dientes y aisló al Sporting en su propia área con un fútbol alegre, agresivo y directo que destrozó enseguida la balanza. Nsue acarició el gol a los tres minutos después de un saque de falta de Joao que tuvo continuación con un centro envenenado de Bigas que se paseó ante Juan Pablo. Ese recibimiento desdibujó por completo a los asturianos, que se limitaban a contemplar la exhibición local desde una posición privilegiada.
El equipo isleño pasó a recoger su premio por caja a los quince minutos. Pereira, muy activo mientras permaneció en el campo, abrió una zanja en su carril y le entregaba el balón en bandeja a Castro, que justo en ese momento se dejaba caer por el segundo palo. Gol. Y tal y como pintaba el partido, parecía que iba a ser definitivo.
No obstante, todo empezó a torcerse a partir de ese momento. El Mallorca mantuvo el control hasta el descanso, pero la intensidad de su juego se desplomó y el Sporting aprovechó sus facilidades para quitarse las legañas y asomar la cabeza. Preciado soltó lastre cambiando a Barral por Bilic y el croata animó la reanudación rematando a placer entre Joao y Cendrós un centro de Lora. Aún con el bofetón marcado en la cara, los baleares siguieron desinflándose y el Sporting, después de otra excelsa proyección de Lora, provocó el segundo aguijonazo asturiano, ilustrado de nuevo con un gazapo de Joao Victor. Se había dilapidado el partido. Quedaban muchos minutos, pero muy poco por hacer.