La plantilla del Mallorca está convencida de que no tendrá problemas para mantener la categoría a pesar de sus últimos tropiezos en el Iberostar. | Monserrat

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La salvación, en 360 minutos. El Mallorca, que parece haber aparcado del todo sus pretensiones europeas tras conectar un nuevo naufragio en su cuartel general, abandona ahora la zona más escabrosa del calendario para centrarse de lleno en su realidad, en resolver el primer asunto pendiente que sobresale en su carpeta. El blindaje a la permanencia, al que le faltan un par de empujones para que se haga efectivo, pasa ahora por los cuatro próximos enfrentamientos a los que se acerca el conjunto balear en el plazo de un mes. Levante, Zaragoza, Deportivo y Sevilla emergen en el horizonte del conjunto bermellón, que puede renovar su rango si se asegura una parte del botín que habrá en juego en ese póquer de duelos.

La dureza del calendario le ha acabado pasando factura al Mallorca, que entre el final de la primera vuelta y el nacimiento de la segunda se ha ido dejando por el camino más puntos de los necesarios. Sobre todo en Son Moix, donde ha lanzado a la papelera tres de las cuatro últimas funciones que ha representado. No obstante, ha amortiguado bien el golpe gracias al abrigo que le proporcionan aquellos puntos que recolectó a principio de curso y a sus recientes victorias sobre Athletic y Espanyol, por lo que su situación aún es cómoda.

Abrochada esta última semana frenética y a pesar del patinazo frente al Valencia, el Mallorca puede concederse un pequeño respiro y recuperar su agenda habitual antes de volver a arremangarse. No vuelve a competir hasta el domingo y tiene toda la semana por delante para preparar una confrontación que hace unos meses hubiera parecido asequible, pero que se ha ido envenenando con el avance de las jornadas. Le espera un Levante que lleva toda la segunda vuelta reivindicándose y que, a pesar de sus limitaciones, se ha acostumbrado a presentar batalla en todas sus apariciones y sólo ha cedido una derrota (en el Santiago Bernabéu) en los siete compromisos de este segundo ciclo de la Liga. En esa mejoría, ha hecho del Ciutat de València su gran plataforma de lanzamiento. Ha ganado allí a sus cuatro últimos visitantes (Getafe, Almería, Osasuna y Espanyol) y ha conseguido distanciarse del fuego justo a tiempo. Eso significa que encarará el encuentro sin la presión de las urgencias, pero pretende aprovechar su potencia actual para cubrirse las espaldas.

Solventado ese trámite, aterrizará en el Iberostar otro equipo perseguido por la sombra del descenso: el Zaragoza. Los maños, a trompicones toda la temporada, dejaron una buena imagen en el Camp Nou y ya zarandearon al Mallorca en el partido de la primera vuelta. Su fragilidad es palpable en muchos aspectos, pero tampoco podrá dejar nada a la improvisación y llegará hambriento. Ése es su gran peligro a estas alturas del torneo.

El encuentro del morbo

El cuarteto de la salvación se cerrará con un desplazamiento a Riazor y con la visita a Palma más morbosa de toda la competición, la del Sevilla de Gregorio Manzano. En el caso del partido de A Coruña, parece posible pujar por los tres puntos. Más que nada, porque el Deportivo también vive instalado en ese pelotón de equipos que han hecho de la irregularidad una de sus señas de identidad. En cuanto a los hispalenses, la historia es muy diferente. Construida como una de las plantillas con más recursos del fútbol español, su puesta en escena resulta imprevisible y los factores extradeportivos que envolverán al encuentro pueden acabar marcando el rumbo del choque. E incluso del futuro del Mallorca.