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No era un inicio como cualquier otro de la Copa del Rey. Fue una mañana diferente, cargada de emociones y sentimientos. Tras unos años alejado de los pantalanes, servidor regresaba al Náutico sin saber que muchas cosas habían cambiado en una regata que años se convirtió en una fuente de aprendizaje ingente. En boca de todos, las fuertes medidas de seguridad que nos rodeaban, y un minuto de silencio en el que la gran familia de la Copa iba a protagonizar una imagen para la historia. Las ganas de echarse al mar definieron cada uno de los momentos previos a las pruebas. Desde el respetuoso y multitudinario recuerdo a las víctimas del atentado de ETA -se llevó a cabo minutos antes de lo previsto- hasta la salida de las embarcaciones. Corrían las doce del mediodía y apenas se podían contar con los dedos de una mano las tripulaciones que todavía estaban en tierra. La Copa es mucha Copa y el espíritu competitivo de la flota apenas tardó unos minutos en dejarse notar. Y esto acaba de empezar. Hoy aparecen los TP52, y con ellos se completa una parrilla de alto voltaje.