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Fernando Fernández El Joventut Mariana tiró por la borda una remontada para los anales. Cuando todo parecía perdido y el Celta se había adueñado del partido (29-41), las de Jorge Méndz tiraron de nuevo de casta y del factor Palma Arena (donde quedó finiquitada su imbatibilidad) para levantar el partido, pero no supieron rematar a las gallegas, que en cuadro supieron sacar petróleo de los errores arbitrales y el desconcierto de un Mariana que se asfixió en el último minuto.

Con la prórroga en el bolsillo, Castilló intentó asistir a la pintura, el balón impactó en el pie de una rival, pero los árbitros decidieron que la posesión fuera para el Celta. Entre medias, la mesa no activó el tiempo muerto solicitado por el preparador del cinco de la Vall, y con catorce segundos por delante y sin saber exprimir el crono, el Mariana vio como una Miljkovic erigida en pesadilla a esas alturas del cruce, penetraba para dejarlo resuelto a falta de un segundo (65-67). El posterior e incomprensible servicio de fondo que acabó en la nada rubricó un tropiezo que iguala el average directo entre ambos equipos, ratifica la progresión de un Celta que empieza a estar en el lugar que le corresponde -acumula cinco victorias consecutivas- e impide al Decano aprovechar una oportunidad de oro para dejar encarrilada su presencia en las series por el título.

Altibajos
Antes de este intenso desenlace, el partido ofreció varias fases para ambos equipos. Salió entonado el Celta, que hasta el descanso se amparó en su defensa zonal y el descaro de Miljkovic y Ciudarene para marcar distancias (27-39). Pero un 13-0 a favor del Mariana les permitió levantar el choque (44-43), anticipando un último parcial en el que Ocete, Page y Price se echaron el equipo a las espaldas y generaron enormes dosis de ilusión (61-57) entre una hinchada que empezaba a frotarse las manos y contemplaba muy de cerca la úndecima victoria. Hasta que el destino les jugó una mala pasada y el sueño se evaporó en un último minuto para olvidar.