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«No puedo inventar nada, no tengo tiempo». Tomeu Llompart ha fiado la permanencia a un discurso que maneja medidas simples, pero tangibles. Lejos de golpear al vestuario con decisiones contundentes, al técnico de Inca le ha bastado con cambiar el diseño e incidir en la mentalidad, la concentración y el orden, argumentos básicos en cualquier catálogo para la rehabilitación. Una defensa apañada, un centro del campo amparado en Engonga, libertad para Ibagaza y Etoo algo más cerca de Luque le han servido al Mallorca para sumar en Madrid y acariciar la salvación.

Llompart es el mejor ejemplo de normalidad. Sabe el preparador mallorquín que no es tiempo de revoluciones, porque la Liga se está agotando y los números ahogan. Así, el preparador de es Raiguer ha apostado por devolverle al equipo ese aspecto que le dio tantos éxitos en el pasado. De cintura para atrás ha dibujado una defensa de cuatro, recuperando a Fernando Niño en el eje y devolviendo a Javier Olaizola al flanco derecho. Eso ha permitido engordar el centro del campo, que ha recuperado a Engonga como referencia; el centrocampista cántabro es ahora el dueño del círculo central, el jugador por el que circula todo el tránsito ofensivo. Eso libera a Ibagaza, que se mueve de izquierda al centro para alimentar con cierta frecuencia a las dos puntas. Llompart también ha aplicado el bisturí en ataque, pero sólo para adelantar un par de metros a Etoo, que ahora no baja tanto a recibir y le da algo más de profundidad al equipo. Un esquema simple, pero atrevido.

Sin embargo, el éxito del Mallorca en Chamartín se cimentó en cuestiones que escapan a lo táctico. El equipo ofreció otro aspecto en trabajo y actitud, algo que lo ha convertido en más competitivo. Presionó un poco más arriba, los laterales recibieron ayuda de los centrocampistas cuando el Madrid jugaba por banda y funcionó el contragolpe. Los centrales se sintieron más cómodos, porque pudieron dar un paso al frente para fijar la marca sobre los delanteros, algo que resultaba difícil cuando jugaban cinco zagueros y tres en el centro.

Efectivamente, Llompart no ha inventado nada desde su llegada, porque todas las variantes que ha introducido son perfectamente lógicas. Ese ha sido su gran mérito, alejarse de los extremos y componer un once sencillo para encarar los dos últimos compromisos. Funcionó en la capital ante el mejor equipo de la Liga en su feudo y ahora ese nuevo esquema debe tener continuidad ante el Valladolid. Sólo la baja por sanción de Olaizola puede condicionar la alineación, pero todo apunta a que la entrada de Alejandro Campano no alterará la composición del equipo mallorquín.

La normalidad se ha adueñado del banquillo balear y ahora los bermellones preparan el próximo envite ante el conjunto pucelano con la sensación de que han vuelto a nacer, de que tienen otra oportunidad. Ya no están tan pendientes del esquema, ni de la pizarra, porque ahora lo importante es la mentalidad. Vuelven a depender de sí mismos, porque ese empate logrado ante el Real Madrid ha resultado ser tres cuartas partes de un triunfo gracias al triunfo del Tenerife en Las Palmas.