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Al margen de las masas que invaden las carreteras o la espectacularidad de la bicicleta de montaña, Carlos Díaz ha logrado hacerse un hueco en el Bike Trial, una especialidad que en Balears pasa inadvertida, pero que a nivel nacional permite vivir como un profesional. El ciclista del Coll d'en Rabassa es uno de los 17 afortunados en todo el planeta que poseen la licencia elite, y es un habitual en el Campeonato de Mundo, que se disputa entre julio y agosto dividido en cuatro pruebas.

Barcelona acogerá una manga en el 2002, pero los viajes a Japón, Francia y República Checa suponen un desembolso importante para Díaz, apoyado por la firma Monty, que le facilita una buena bicicleta, recambios e indumentaria para medirse a los mejores en la categoría reina, la de 20 pulgadas. La ayuda institucional brilla por su ausencia, y no será por que Carlos Díaz no ha insistido. Joana Maria Petrus le ha prometido una entrevista que nunca llega, y el apoyo privado es difícil de conseguir si la repercusión en los medios de comunicación no es importante.

España es la segunda potencia mundial, aunque son quince los corredores nacionales que se mueven por el circuito. El cisma existente hace un poco más difícil poder ser reconocidos. La Bike Trial International Union se alza ante la soberbia de una UCI. A su vez, la Bike Trial Union Española se mueve al margen de la RFEC, haciendo que se vea a sus afiliados con recelo desde el Consejo Superior de Deportes.

El día 19, Carlos Díaz vuelve a competir. Será en el Campeonato de España, en Santander. Un tercer y un cuarto puesto en las dos pruebas disputadas le hacen ver el futuro con optimismo. Para muestra, una hoja de servicios que luce por casi todo el mundo.