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Y salió cruz. España quedó eliminada en la tanda de penaltis por Marruecos, una selección disciplinada, bien trabajada, no exenta de calidad, pero teóricamente inferior al equipo de Luis Enrique. España dominó, acaparó la posesión, pero sin verticalidad. Obtener la pelota y acumular pases no es argumento suficiente para ganar un partido. España apuesta por la posesión, por acaparar el esférico y someter al rival. El conjunto de Luis Enrique cumplió con las previsiones y se hizo con el control de la pelota y del duelo en la primera parte. España dominaba con intensidad, pero sus aproximaciones al área rival eran tan inocuas como sencillas. Marruecos, en cambio, mostraba su extrema solidez en defensa, al tiempo que disponía de alguna esporádica oportunidad para inaugurar el marcador. Quedaba claro, una vez más, que solo la posesión no es argumento suficiente para ganar.

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España intensificó su dominio en el segundo tiempo, dio una mayor sensación de peligro, pero no consiguió marcar, mientras que Marruecos se limitó a defenderse. En la prórroga, más posesión sin ocasiones, alguna aproximación peligrosa de los africanos y los penaltis. Y el drama. Como en Rusia.

El buen rollo es fundamental, tanto entre la plantilla como con los medios. El Mallorca es un claro ejemplo. Los grandes éxitos del equipo siempre han llegado con un grupo de futbolistas que, además de compañeros de trabajo, eran amigos. El papel de los medios de comunicación, evidentemente, es muy secundario, pero también tiene su importancia. Y les puedo asegurar que todo es mucho más fácil si existe plena comunión entre jugadores, técnicos, dirigentes y medios de comunicación. Eso, seguro. Luis Enrique ha pecado de prepotente, de soberbia y ha acabado hundido por su propia reflexión: los penaltis no son una lotería. España no marcó ni uno. En fin…