Colas para conseguir la camiseta de Messi. | CHRISTOPHE PETIT TESSON

TW
6

El fervor por la llegada de Leo Messi se trasladó este miércoles del aeropuerto y el estadio a la tienda en la que se vendió su camiseta con el número 30 en el dorso. Hubo aficionados que llegaron pasada la medianoche para esperar su turno y no perderse un momento que, según dijeron, es histórico.

Antoine y su hermano Marc fueron los primeros. Se presentaron en la 'boutique' oficial del club en los Campos Elíseos en París, la única que abrió por la mañana, a las 00.30 CET (22.30 GMT) con sillas, almohadas y algo de comida.

«Marc vio su primer partido del PSG conmigo cuando tenía unos ocho años y ahora será el primero en tener la camiseta oficial cuando abra la tienda», dijo a EFE Antoine poco antes de hacerse con ese preciado 'maillot', cuyo precio oscila entre los 115 y los 165 euros.A los aficionados se les permitía llevarse solo una referencia por persona.

Nathan, de 26 años, fue a allí nada más de terminar de trabajar, cinco minutos después que la pareja de hermanos, provisto también de una silla, su almohada y bebidas energéticas para hacer más llevadera la noche.

«Esto solo pasa una vez en la vida, no nos queremos perder esta oportunidad. Que Messi, un jugador con un grandísimo palmarés, un nivel muy alto y seis Balones de Oro, venga a un club que amo desde niño, es algo único», dijo.

El reciente fichaje del jugador por el PSG por dos temporadas más una opcional supone para este joven la unión de sus dos pasiones: «Messi la primera y el PSG la segunda. Están casi al mismo nivel», cuenta expectante.

Haber llegado temprano le permitió ver cómo los trabajadores forraban la fachada de la tienda con la imagen del argentino, en sustitución de las de otras dos grandes estrellas del club: Mbappé y Marquinhos.

La larga cola formada en toda la manzana, de decenas de metros, pilló por sorpresa a algunos paseantes: «¿Está Messi dentro?», se preguntaban algunos sorprendidos de que la multitud solo hubiera acudido para comprar la camiseta.

Mario, que se presentó a las cuatro y media de la mañana, fue uno de esos aficionados.

«El domingo cumplo 60 años y mi mujer me ha enviado a que me comprara mi regalo. Yo hubiera preferido que viniera ella, pero...» señala entre risas.

«Estamos como niños. Lo que le está pasando al club es una locura. Una estrella detrás de otra. Cada año el club nos compra grandes jugadores. Es fabuloso», recalca este hombre, a quien el tiempo de espera se le ha hecho corto: «Estábamos en buena compañía».

La gente también se congregó este miércoles en los alrededores del Parque de los Príncipes, donde Messi compareció por primera vez ante la prensa, acompañado por su presidente, Nasser Al-Khelaifi, como nuevo jugador del PSG.

«Estoy esperando a ver si sale y tengo planes de seguirlo toda la semana a todos los lugares que vaya... Voy a ir a verlo al hotel, ¡adónde sea!», dice a EFE Romina Italiano, una argentina residente en París.

En las afueras del campo había otros compatriotas, como Débora Torres: «(Messi) significa un orgullo muy grande, sobre todo para todos los argentinos que vivimos acá en París. Ahora tenemos la Torre Eiffel, tenemos a Messi... Es el más grande», afirma.
Javier, argentino que vive en Barcelona, se compró un billete esta semana solo para intentar verlo: «Lo estoy siguiendo del hotel a la presentación y de la presentación al hotel. Es una sensación inexplicable. Es lo máximo, el número uno del fútbol».
La fuerte multitud que se juntó a las afueras del campo provocó algunos momentos de tensión. Hubo empujones y algunos ultras lanzaron bengalas y petardos. La policía intervino con gas pimienta y la seguridad del club medió entre ambas partes para evitar que la situación fuera a más.