Carlo Ancelotti en una imagen reciente. | JAN KRUGER

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La llegada de Carlo Ancelotti al banquillo del Real Madrid marca una línea de continuidad con su antecesor, Zinedine Zidane, un técnico de perfil apaciguador muy diferente al de José Mourinho, el otro entrenador al que sustituyó el italiano en su anterior etapa blanca.

Cuando Ancelotti aterrizó en el Real Madrid por primera vez allá por 2013, la entidad presidida por Florentino Pérez necesitaba un calmante después de varias temporadas con Mourinho al mando de un equipo en conflicto y envuelto en jornadas polémicas que encontraron su cenit en la serie de enfrentamientos con el Barcelona.

El entrenador portugués consiguió que el Real Madrid volviera a pelear por la Liga de Campeones (sin ganarla) después de varios cursos estancado en los octavos de final. Jugó tres semifinales sin premio, aunque sí consiguió una Liga y una Copa del Rey meritorias batiendo al que posiblemente es el mejor Barcelona de la historia.

Sin embargo, Mourinho dejó una afición y un vestuario dividido. Básicamente, el Real Madrid se había convertido en un equipo enfadado y de garras afiladas que necesitaba un descanso. Entonces, Florentino Pérez, eligió al mejor entrenador posible para esa tarea: Carlo Ancelotti.

«Carletto» tardó años en lograr un deseo que estuvo a punto de cumplirse en 2006, cuando llegó a tener firmado un contrato con el Real Madrid. Así lo contó en su libro «Prefiero la Copa», donde narró aquel intento frustrado de acabar en el banquillo merengue.

Siete años después de aquel primer intento frustrado, el destino junto de nuevo a un club que necesitaba éxitos europeos y paz con un entrenador que ya tenía ambas cosas.
Cuando llegó al Real Madrid por primera vez, Ancelotti sabía lo que era ganar la Liga de Campeones. Lo consiguió en un par de ocasiones, con el Milán en los cursos 2002/03 y 2006/07. En ese sentido, fue todo un acierto. En su primera temporada en el Real Madrid, alzó la décima Copa de Europa tras superar en Lisboa al Atlético de Madrid.

Nadie puede objetar nada al respecto. Ahí quedan esos trofeos. Sin embargo, sus números, en general, son contradictorios desde que inició su trayectoria en los banquillos en el curso 1995/1996, cuando ascendió a la Reggiana a la Serie A de Italia tras concluir el campeonato en la cuarta posición.

Desde entonces, aquel jugador, que formó parte del gran Milan de finales de los años 80 y que tanto daño hizo al Real Madrid de la Quinta del Buitre, comenzó una carrera de entrenador con grandes éxitos que borraron algunos fracasos. Uno de sus logros fue entrar en el club de personas que ganaron la Copa de Europa como técnico y futbolista. Su nombre está inscrito junto a Cruyff, Rijkaard, Miguel Muñoz, Trapattoni y Guardiola.

La Reggiana fue el primero de los diez clubes que ha tenido a su cargo. Nunca estuvo sin trabajo, prácticamente encadenó uno tras otro, y tras su primera experiencia en Segunda dio el salto al Parma, donde jugadores como Gianluigi Buffon, Enrico Chiesa, Fabio Cannavaro, Dino Baggio, Hernán Crespo o Thuram convivían en el mismo vestuario.

Con ese equipo fue subcampeón de Liga en su primer año y sexto en el segundo. En su estreno europeo, en la UEFA, no pasó de la primera ronda, eliminado por el Vitoria Setúbal portugués. No tuvo mejor suerte en la Liga de Campeones, donde se quedó en la fase de grupos. Tampoco en la Copa, eliminado en la primera fase por el Pescara y en semifinales el segundo año por el Milán.

Ese bagaje irregular no evitó su fichaje por un grande, el Juventus, que, sin Marcelo Lippi en la jornada 21 de la temporada 1998/99, acogió en su seno al nuevo entrenador del Real Madrid. Hasta la temporada 2000/2001, pese a contar con uno de los mejores jugadores del mundo, Zinedine Zidane, no consiguió ningún título.

Fue dos veces subcampeón del Scudetto, llegó a las semifinales de la Liga de Campeones para ser eliminado por el Manchester United, y en su último año no fue capaz de dejar atrás la fase de grupos. En la UEFA, sufrió su primer gran varapalo cuando el Celta, en octavos de final, ganó 4-0 al Juventus después de perder 1-0 en Delle Alpi en la temporada 1999/2000. Años después, el Deportivo repetiría la gesta del conjunto español.

Sin embargo, después de cinco temporadas sin títulos, el Milán se fijó en él para iniciar una relación que traería buenos réditos al conjunto «rossoneri». Entre el curso 2001/2002 y el 2008/2009 logró una Copa, dos Ligas de Campeones, dos Supercopas de Europa, un Mundial de Clubes y un Scudetto. Además, pudo ganar una tercera Copa de Europa, pero fue frenado por el Liverpool de Rafa Benítez en la final.

Su relación con el Milán terminó cuando empezó su etapa en el Chelsea. Allí heredó a un equipo de José Mourinho, igual que lo hizo cuando dirigió al Real Madrid por primera cez. El tránsito no fue malo y en su primer año en el club inglés ganó la Premier League, la FA Cup y la Community Shield. Un triplete que no se repitió en el curso 2010/2011, donde no ganó nada e hizo las maletas para irse a París.

Subcampeón de la Liga francesa en su primer año, logró que el París Saint-Germain alzara la Liga después de décadas. Después llegó una Copa del Rey, una Liga de Campeones, una Supercopa de Europa y un Mundial de Clubes en el Real Madrid antes de hacer las maletas tras su segunda temporada.

Desde entonces, ha sumado a su palmarés una Bundesliga y dos Supercopas en el Bayern y dos trayectorias sin títulos en el Nápoles y en el Everton, último club en el que prestaba sus servicios antes de la nueva llamada de Florentino Pérez. En esta ocasión, a diferencia de hace ocho años, Ancelotti no tendrá que pacificar prácticamente nada.

Más bien, deberá renovar. Tal vez, su perfil de hombre tranquilo, es perfecto para cerrar las etapas de jugadores blancos que marcaron una época y que, seguramente, ya no tienen cabida en el nuevo proyecto del Real Madrid que comienza en la figura de su presidente y continúa en la de un hombre que no alzará la voz para acometer las reformas necesarias para que el Real Madrid recobre galones.