Pep Guardiola supervisando un entrenamiento. | CARL RECINE

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Ha habido siete finales de Champions entre equipos del mismo país y todas han sido en este siglo. No es casualidad. La centralización del fútbol europeo ha provocado un acaparamiento de títulos entre los mismos y esta vez es Inglaterra la que recoge el guante, aunque en la final entre el Manchester City y el Chelsea, sus directores sean un español y un alemán y solo haya cuatro ingleses sobre el césped.

La pérfida Albion vuelve a erigirse como epicentro del fútbol mundial, apenas dos años después de que el Liverpool doblegase al Tottenham Hotspur en una insípida final en Madrid. Aquellos dos equipos, también de autor, han cedido el testigo a un primerizo como el Manchester City, y a un Chelsea que aún vive de lo que ocurrió en Múnich hace nueve años.

Todo el dinero invertido por los jeques cobra sentido cuando el himno de la Champions reciba al City en Do Dragao, donde unos 5.000 aficionados de cada equipo se darán cita en la grada. A ritmo del «Wonderwall» de Oasis, como en otro tiempo fue el «Viva la Vida» de Coldplay, los Phil Foden, Kevin de Bruyne y Riyad Mahrez, tratarán de completar la conquista del petróleo sobre el fútbol europeo. Lo que no consiguió el PSG en 2020. El Chelsea tampoco es el defensor del pueblo ni el héroe de la historia. El equipo que más gastó el pasado verano recobró la gloria al amparo del multimillonario Roman Abramovich, pero eso fue hace tanto tiempo que ya es costumbre verle en estas instancias, por mucho que sea su primera final en nueve años.

Champions League - Chelsea Training

Si Tuchel conquista la ‘Orejona’, habrá revolucionado un equipo a la deriva en apenas cinco meses. Si lo hace Guardiola, habrá transformado en éxito un proyecto a largo plazo, en el que más tiempo ha invertido y que le ha arrebatado cinco años de su existencia.

El que se alce como ganador será la sensación del momento, el otro será solo el segundo de la competición más difícil de ganar. Por eso Guardiola, unánimemente el mejor técnico de los últimos años, acumula diez años sin tocar este trofeo. Una cuenta atrás que puede morir esta noche bajo el cielo de Portugal.