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Zaragoza 0 - 1 Lugo

Real Zaragoza: Leo Franco; David Cortés, Álvaro, Paredes, Abraham; Paglialunga, José Mari (Víctor Rodríguez, min.60), Porcar (Cidoncha, min.29), Barkero, Montañés; y Roger (Ortí, min.75).

Lugo: José Juan; De Coz, Lolo Pavón, Víctor Marco, Manu, Iván Pérez, Pita (Iago Díaz, min.81), Seoane, Pablo Sánchez (Pablo Álvarez, min.67); Álvaro Peña (Rafa García, min.73) y Renella.

Goles: 0-1. Min.58, Renella.

Árbitro: Lesma López. Amonestó con cartulina amarilla por el Real Zaragoza a Paglialunga y por el Lugo a Seoane, De Coz, Manu, Álvaro Peña. Expulsó en el minuto 65 al entrenador visitante Quique Setién.

El Lugo ahondó la herida del Real Zaragoza y no desaprovechó su oportunidad para llevarse los tres puntos de la capital aragonesa frente a un inoperante equipo que parece no encontrar el suelo que frene la caída libre en la que se encuentra desde que comenzó el 2013.

Al equipo aragonés le está costando tomarle la medida a la competición y lo demostró desde el arranque del encuentro frente a un conjunto lucense con las ideas muy claras, sobre todo en su ubicación en el terreno de juego, y que se fue creciendo conforme se fueron consumiendo los minutos.

En los pies de los jugadores zaragocistas el balón parecía tener vaselina, lo que les hacía tener enormes problemas para encadenar varios pases seguidos y por añadidura para llegar con solvencia hasta las inmediaciones de la portería de José Juan.

Los lucenses fueron despejando sus temores y poco a poco empezaron a ganar metros en el centro del campo para protagonizar los primeros disparos con cierto peligro del choque sobre los dominios de Leo Franco.

Ni uno ni otro parecían tener cargadas sus armas con la pólvora necesaria para poder hacer subir algún tanto en el marcador, con un conjunto maño que veía como las camisetas rojiblancas de su rival se multiplicaban en la zona de inicio de creación del juego y cortaba cualquier intento de avance.

En algunos momentos los maños parecían incluso confundir su sombra con la cercana presencia de un rival. El desatino era el sello que marcaba todas sus acciones.

Las únicas jugadas de peligro salieron procedentes de las botas del veterano José Javier Barkero en dos lanzamientos de faltas laterales desde cada una de las bandas que no llegaron a conectar con precisión sus compañeros Álvaro y Paredes.

Tan mal veía y percibía las cosas desde el banquillo el técnico zaragocista, Paco Herrera, que a la media hora de juego introdujo su primer cambio sacando del campo a Porcar, el jugador que había aparecido de manera inesperada en la alineación, para dar entrada y reforzar un poco más su línea central de contención al recuperado Cidoncha.

A partir de ahí al menos el catalán consiguió poner un cierto freno a la libertad con la que se estaban moviendo los hombres de Quique Setién.

Los maños regresaron al terreno de juego un poco más entonados y empezaron a acercarse con una sensación mayor peligro, aunque mantenían su escasa creatividad, hasta la portería de José Juan pero sin llegar a ponerle en claros apuros.

Poco antes de cumplirse el cuarto de hora los lucenses se sacudieron el dominio de su rival y lo hicieron con contundencia.

Una incursión hasta la línea de fondo de De Coz desbordando a Abraham y disponiendo del tiempo necesario para pensar dónde poner el balón se lo colocó a Renella, que estaba completamente solo, para batir de cabeza Leo Franco.

Entre los zaragocistas, el que mayor sensación de peligro estaba creando era el lateral David Cortés, tanto en sus centros como con un potente disparo ajustado al poste que despejó el cancerbero lucense.

La inoperancia atacante de los blanquillos quedó retratada a la media hora de juego tras un clamoroso error de José Juan en una salida del área que dejó el balón al recién entrado Víctor Rodríguez. El catalán, algo escorado, intentó ajustar su disparo por la presencia de un defensor y lo estrelló en el poste. El balón rebotado le fue a Cidoncha que con todo a su favor lo mandó fuera ante el asombro y desesperación de sus seguidores.

Los aficionados maños no soportaron una nueva afrenta y terminaron jaleando cada una de las acciones acertadas de los gallegos y los fallos de los blanquillos. Incluso despidieron con pañuelos blancos a sus futbolistas.