0

Las muertes súbitas que han golpeado el fútbol español -las más llamativas fueron las de Antonio Puerta del Sevilla y Dani Jarque del Espanyol- pusieron en guardia a la Federació Balear de Futbol y en especial a su presidente, Miquel Bestard. Su intención desde que inició su mandato al frente de la institución balear fue que cada campo de fútbol de Balears pudiera disponer de un desfibrilador con el fin de poder afrontar una reanimación de urgencia en caso de necesidad.
La Federació, a través de un acuerdo alcanzado con Oxidoc, empresa de material sanitario presidida por Miquel Vaquer, consiguió la instalación de desfibriladores en todos los campos y también adquirió, gracias un convenio con La Caixa, un lote que consta de camilla sanitaria, 6 férulas y un collarín ortopédico, también para cada campo.
La posibilidad de disponer de un desfibrilador permite a los equipos afrontar un caso de 'muerte súbita' y evitar de esta forma el fallecimiento de un deportista. Según los datos del Consejo Superior de Deportes y la Federación Española de Medicina del Deporte, cada año fallecen en nuestro país entre 15 y 20 deportistas, de todas las disciplinas por muerte súbita. Los casos de Puerta y Jarque han sido los más mediáticos por se deportistas de élite y jugar al fútbol, pero otros no tienen tanta repercusión por no tratarse de futbolistas profesionales.
El doctor Josep Brugada, asesor de la Asociación Española de la Muerte Súbita, ha manifestado que el deporte en sí no causa la muerte súbida y que en la mayoría de ocasiones el jugador que cae inconsciente sobre el terreno de juego ya tenía una malformación del corazón previa al suceso, es decir, una cardiopatía congénita no detectada o una enfermedad cardiaca degenerativa. La Federació, consciente de la necesidad de prevenir cualquier posible 'caso Puerta' no cesó en su empeño de que cada club tuviera un desfibrilador y los primeros resultados no tardaron en dar sus frutos. En Santanyí, a finales del año pasado, el uso de este instrumento sanitario salvó al vida a un futbolista en edad juvenil. El jugador Tomeu Córcoles cayó inconsciente de golpe y se le colocó un tubo en la traquea aplicándole el desfibrilador. Según relató el presidente del club Bernat Picó, «eso le salvó la vida». Posteriormente se confirmó que el jugador sufría una malformación congénita.
Uno de los primeros casos en los que se comprobó que un desfibrilador podía salvar vidas fue en Villacarlos (Menorca) donde el uso del mismo hizo posible que un jugador en edad cadete, Danny Gallardo, salvase la vida. También cayó al campo inconsciente, con síntomas graves de parada respiratoria. Gracias a los cursos que en su día organizó la Federació, los responsables del club supieron cómo utilizar el desfibrilador y gracias a su buen uso se salvó la vida del jugador. Otras comunidades pretenden ahora seguir la iniciativa de la Balear y contar con un desfibrilador en cada campo.