Una bomba en las manos

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Conducir es algo que podemos hacer cualquiera, pero conducir bien, respetando las normas de tráfico, dando la debida preferencia, concentrados y conscientes de que llevamos en la mano una bomba de relojería que, al mínimo despiste puede provocar un accidente de imprevisibles consecuencias, son palabras mayores.

Son muchas, demasiadas, las causas que pueden acabar en un auténtico drama y, sin embargo, cuando nos ponemos al volante nos creemos los reyes del mambo y nos comportamos despreocupadamente, soltando la manos del volante, charlando animadamente con el resto del pasaje, llamando o recibiendo llamadas en el móvil y manteniendo todo tipo de conversaciones, mirando la pantalla para ver la ruta que nos indica el geolocalizador, cuando no subimos al vehículo con el sopor en el cuerpo después de una parada para comer acompañada de una buena dosis de cerveza o de vino.

Estas y otras causas como la somnolencia o el efecto de las drogas, pueden convertir el placer de conducir en una auténtica pesadilla si no tenemos en cuenta todos los factores que pueden desembocar en una tragedia.

Además de las campañas que Tráfico ponga en marcha para informar de los accidentes mortales que se producen a diario y tratar de concienciar a la población del peligro y de los riesgos que corremos y de los accidentes que podemos provocar con estas conductas, es imprescindible que todos y cada uno tomemos conciencia de que cuando nos ponemos al volante estamos corriendo un riesgo innecesario y peligroso si no lo hacemos conscientes de ello y actuando en consecuencia.

El comportamiento en carretera, cuando conducimos, debería ser objeto de mayor atención y educación cívica, tanto en los centros educativos como en las propias familias, porque estamos jugando con nuestras propias vidas y con las de los demás.