Es Trenc, un idílico arenal. | JAVIER FURONES

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Si existe uno de los rincones con encanto del verano en Mallorca, no solamente por su paraje, sino por su significación en la lucha mantenida antaño por diversos grupos ecologistas y sociales en defensa de la conservación de los espacios naturales, ésta es Es Trenc.

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Abanderada del nudismo en los años 80, entonces un idílico paraje de aguas cristalinas, dunas y pinar, en la actualidad, y en pleno verano, su índice de ocupación humana en algunos tramos, tanto en la arena como en el agua, supera ya a muchas playas urbanas. Aquí, antes de su declaración como parque natural, había un célebre chiringuito con terraza que marcó toda una época, con el evocador nombre de ‘El ulto paraíso’. Con las restricciones debidas a su condición de espacio protegido, ahora sólo podemos encontrar unos chiringuitos sin mesas ni sillas, ni tampoco música.

Para dejar el coche podemos optar por el aparcamiento de ses Covetes, a un kilómetro de la localidad, si nos atrevemos a buscar plaza tarifada aquí o en el párking de es Salobrar tras soportar largas colas en la vía de acceso. Al llegar a la playa, la masificación en agosto llama la atención. Es el precio a pagar por la fama y el crecimiento turístico y residencial.