Margalida Llompart y Macià Batle, larga tradición vinatera.

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Al hablar de Margalida Llompart, buen número de gente identificará ese nombre como una serie de vinos elaborados por las Bodegas Macià Batle. Ahora bien, si retrocediéramos en el tiempo alrededor de poco más de un centenar de años, esos dos nombres corresponderían a un señalado matrimonio que marcó un hito en el linaje que da nombre a la bodega. Los orígenes de esta última es previsible que comiencen mucho más atrás. Tanto como permite creerlo que en el último tercio del siglo XV existiese un Macià Batle que tenía viñas en Biniali.

Puede que esa tradición vinatera se mantuviese en el tiempo y uno de sus previsibles continuadores de idéntico nombre y apellido, y acaso vinculado genealógicamente al primero, construyó un lagar en 1856. En lógica consecuencia, debió ser sin duda propietario de viñas y elaborador de vino. Su línea familiar puede documentarse a través de sus apelativos hasta el personaje que se casó con Margalida Llompart. Ambos mantendrían su dedicación a los quehaceres del vino, transmitiendo ese interés a sus herederos.

Comenzaba así una trayectoria culminada en 1996 cuando un grupo de sus descendientes junto con algunos amigos, decidieron construir la actual bodega en Santa Maria del Camí a la cual dieron el nombre de sus antepasados y abuelo. En 2003 sería adquirida por el empresario mallorquín Sebastià Rubí, quien dos años más adelante la ampliaría, y situaría entre las más importantes de las Baleares. El deseo de la bodega de rendir cumplido reconocimiento al crucial y singular personaje que fue Margalida Llompart, ha llevado a crear una especial y exclusiva línea de vinos con su nombre.

Contempla las modalidades de blanco, rosado y tinto, inscritos todos en la Denominación de Origen Vi de la Terra de Mallorca. Perpetúan el recuerdo de la mujer que fue un pilar esencial en la trayectoria de las bodegas isleñas que últimamente más premios y galardones han logrado por su buen hacer.
El tinto de este nombre empezó a producirse en 2017. Dicha añada ha madurado con firme elegancia y dignidad. Requiere beberlo despacio y en buena compañía. Se ha demostrado como un adecuado acompañante de carnes rojas de ternera, a la plancha y mínimamente manipulada, sin acompañamiento alguno, ni otro condimento que la sal. Procede de uvas mantonegro, cabernet sauvignon y syrah, contando con trece grados y medio de alcohol. Presenta color rojo cereza, intenso, oscuro, brillante y glicérico, con lágrima marcada y abundante.

De aromas afrutados agradables y acusados, con predominio inicial afrutado y más adelante especiados, balsámicos y maderizados. Entrada en boca potente, rotunda, amplia, intensa y sabrosa, cuerpo sólido, carnoso y bien equilibrado. Como es esperable en un vino de estas características manifiesta una larga y grata persistencia. Lo serviremos entre catorce y dieciséis grados. Muy apropiado para preparaciones sencillas de carnes rojas, preferentemente a la brasa o a la plancha, así como piezas de caza de cualquier categoría, embutidos del país o quesos curados.