'Panades' de pasta verde, elaborada con espinacas.

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Es época de panades. Si por algo se caracteriza la Semana Santa en Mallorca es por su gastronomía: crespells, robiols y empanadas no faltan en las comidas familiares y con amigos estos días. La tradición marca que durante la Pascua los mallorquines se reúnen alrededor de la mesa no solo para comerlas sino también para hacerlas. Aunque todo es cuestión de gustos, año tras año se abren los mismo debates: ¿son mejores las de pasta dulce o las saladas?, ¿lo importante es el sabor o que sean bonitas?

Este año la cuestión ha llegado todavía un poco más lejos. De manera bastante incrédula, Tolo Sent ha compartido en su cuenta de Twitter una bandeja de panades de pasta verde. Un transformación de la tradición mallorquina, que según apunta en el tuit, la masa está elaborada con espinacas y el relleno es de bacalao. La receta llama la atención por su color verde intenso y, como no podía ser de otra forma, las reacciones no se han hecho esperar.

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«A ver yo he comido panadas de carne, de carne con guisantes, de sepia, de mussola, de gatí, la semana pasada en un horno de Inca me comí una de pollo con cebolla, muy buena, lo que no veo normal es el color verde, como si fuera un macarón de pistacho», señala Sent. A su comentario se han sumado los de otros tuiteros, que en su mayoría coinciden en que se trata de adaptación desmesurada de la receta tradicional. Sin embargo, otros apuntan a que también se elaboran panades negras, hechas con tinta de calamar, y que estas han sido aceptadas.

Orígenes

Las 'panades' mallorquinas tienen su origen en la cultura judía, ya que algunos ingredientes como el pan sin levadura y el cordero tienen relación bíblica. Posteriormente, la receta se cristianizó durante el siglo XV añadiéndole manteca y sobrassada. Las panades dulces eran llamadas antiguamente de «senyor». Recibían ese nombre porque eran las que se hacían y comían en las casas más pudientes que podían comprar azúcar. Las saladas se conocen como «llises» y eran las que elaboraban y consumían la gente del campo.

La variedad de este producto tan característico de la Semana Santa no sólo está en la masa, su relleno puede ser muy variado: de carne, de pescado, de sepia, con o sin guisantes. Incluso, hoy en día, algunos chef de alta cocina se atreven con combinaciones mucho más novedosas, como las protagonistas de esta información.