El solomillo en salsa de pimienta verde. | Andrés Valente

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Si alguna vez ha comido en el restaurante del segundo piso de la torre Eiffel, o en La Tour d’Argent, uno de los más antiguos restaurantes de París, con vistas espléndidas desde su sexto piso y, además, un primer plano de la catedral de Nôtre Dame, sabrá de sobra que las buenas mesas con vistas llevan precios muy altos.

Bueno, en París sí, pero no en Palma ni en el Sky Bar del hotel Almudaina, un bar-restaurante para clientes del hotel y también el público.

En el Sky Bar hay vistas panorámicas del puerto y su actividad, más una gran franja de los viejos tejados de los barrios antiguos, y una imagen espectacular de la Catedral, como una gran centinela de marés, vigilando y protegiendo la ciudad. El Sky Bar tiene zonas exteriores e interiores y lo suyo es reservar mesa en su pequeña terraza, que parece que sobresale del resto del edificio: desde ahí se aprecia mejor la plenitud del paisaje marino y urbano.

Un espectáculo

La dirección del hotel hubiera podido actuar como los restaurantes con vistas de París: cobrar bien caro por el privilegio de comer con ese espectáculo a vuelo de pájaro. En lugar de un menú a 15 euros con IVA, hubiera podido ofrecer platos a la carta a precios parisinos. Pero ese menú es una de las grandes gangas de la ciudad. He comido tres veces en el Sky Bar y jamás he tenido motivos para quejarme de la cocina.

Se puede elegir entre tres entrantes, dos principales y dos postres. Para beber hay agua, refresco, caña, una copa de verdejo o rioja. Pocas veces los menús son tan inclusivos.

Hubiéramos podido empezar con un salmorejo (la versión cordobesa del gazpacho andaluz), un rollo con gambitas y verduritas, o una ensalada de pollo con aguacate y piña. Pensé que el rollo podía ser de los que compran fuera, pero era casero: largo, cortado en tres, con un wrap quebradizo y un relleno ligero y crujiente. Estaba tan delicioso que quería pedir otra ración.

El rollo de gambitas y verduritas.

La ensalada de pollo estaba hecha con los solomillos de la pechuga empanados con pan rallado crujiente, y servido con tajadas de aguacate y dados de piña. Los dos principales fueron muy bien recibidos. Una estupenda sepia a la mallorquina servida con ensaladilla, a primera vista no parecía un emparejamiento muy feliz. Pero los trozos de sepia tan tiernos como dados de mantequilla en su salsa aterciopelada fueron un éxito total, y la cremosa y sabrosa ensaladilla fue de las mejores que he comido. A veces las cosas en la cocina funcionan como en las parejas humanas: los caracteres opuestos pueden juntarse con esmerado éxito.

Un plato que estaba en todas las mesas fue un solomillo de cerdo en salsa de pimienta verde con tacos de patata frita. Realmente rico. Sky Bar siempre cuida mucho de los postres.

Los dos espléndidos postres.

Un brownie de galleta Oreo fue genial, y una tarta de queso de frutos rojos deconstruida, una maravilla. Platos postreros más bien de una carta de altos vuelos que de un menú del día.

Normalmente hubiera galardonado un par de esos platos con un 10, pero prefiero entregar las máximas puntuaciones, y un buen puñado de medallas de oro, a la dirección, por su decisión tan loable, noble y generosa de ofrecernos un menú de 15 euros con esas vistas tan exquisitas. En algo ganamos a París.