La creencia popular de insectos y comidas en píldoras está muy lejos de ser una realidad.

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Año 2050: la población mundial superará los ocho mil millones de personas. Una cifra que hará replantearnos la alimentación tal y como la conocemos hoy en día. Quizá muchos piensan que la comida del futuro pasará por llegada de insectos y productos in vitro a las despensas de las casas. O que el tupper del trabajo se convertirá en un pastilla como la que toman los astronautas. Nada más lejos de la realidad.

El aumento de población y la escasez de algunos recursos naturales implicará una reformulación de la alimentación, pero no sólo de productos sino también de la forma en que se cocinan y comen. «El futuro nos lleva a la simplificación, antes teníamos muchas variedades de fruta en Mallorca y de cada vez hay menos. Con los ingredientes también simplificamos, cada vez utilizamos menos alimentos», explica el cocinero mallorquín Miquel Calent.

En este sentido, el también chef mallorquín Andreu Genestra explica que habrá una «evolución de los productos», entre los que se consumirá menos alimentos de origen animal y más fruta y verdura. «El futuro pasará por tener el control de los que comemos y consumimos», asegura. Genestra apuesta por preservar la pirámide de la dieta Mediterránea y apostar por el consumo local. «Puede que el lujo sea comer como lo estamos haciendo ahora. Un buen pa amb oli será un lujo», asegura.

Todo apunta que en vez de introducir nuevos alimentos la dieta lo que pasará es que se simplificará. «Vamos hacía una cocina más prefabricada. La cocina de casa cada vez será más sencilla. Comemos más rápido y cocinamos menos», afirma Calent. El chef del restaurante Cuit de Palma y de Can Calent, en Campos, explica que en un futuro se seguirán dos líneas de nutrición. «Habrá quién se preocupará por el kilómetro cero, y otros, que seguramente será el grueso de la población, que tenderá a la comida rápida y con menos ingredientes, aquí los mayores beneficiados serán los grandes productores».

«Por una cuestión cultural, estamos lejos de consumir insectos, aunque en Mallorca son comemos los caracoles. Todo gira un poco en torno a las costumbres, estamos yendo hacía un mundo donde el sushi se come más que la fava parada», asegura Calent. Sin embargo, Genestra si cree que poco a poco se explotarán nuevos alimentos. «En el mundo de las algas todavía hay mucho que descubrir y los insectos son una gran fuente de proteína», asegura.

El presidente del Colegio Oficial de Dietistas-Nutricionistas de Illes Balears (CODNIB), Manuel Moñino Gómez, considera que la introducción de algas en la dieta diaria puede generar problemas para la salud debido a su alto contenido en yodo. «Esto no ocurre en otros países que están acostumbrados. Comer insectos no es ningún riesgo, el problema está cuando se sustituye por otros nutrientes», explica.

En cuanto al pescado también habrá un agotamiento importante en los mares y océanos. La alternativa, que ya se ha empezado a trabajar, es el cultivo en piscifactorías parte de los humanos. El CODNIB recomienda apostar por recuperar alimentos que se han perdido en las Islas y que hace años estaban arraigados en la sociedad. «Hay que trabajar en una alimentación saludable y al alcance de todos. Deberíamos recuperar la dieta Mediterránea y retomar el contacto con los productos del mercado local», afirma Moñino.