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El tipo de tejido, el uso que se le dé al material y otras condiciones que puedan aumentar la suciedad son claves para decidir cuándo ha llegado el momento oportuno para lavar las cortinas y otras telas de la casa, como pueden ser las fundas de los almohadones o las mantas que no se usan diariamente.

Así, es fundamental tener sentido común y observar el uso que se le da a cada tipo de tela, ya que no es lo mismo el lavado que va a necesitar la funda de un almohadón que se usa diariamente para recostarse sobre él, que otro que simplemente se utiliza de decoración.

Las cortinas suelen necesitar un lavado cada dos o tres meses, ya que, aunque no sea un elemento que se utilice directamente, es un foco donde puede acumularse gran cantidad de polvo.

En esta frecuencia de lavado también entran en juego otros elementos importantes. Por ejemplo, algunos tejidos de cortinas cumulan mucha más suciedad que otros. Igualmente, durante el verano, cuando las puertas y ventanas permanecen gran parte del día abiertas, las cortinas tienen a acumular mucho más polvo que durante el invierno, cuando la casa está completamente cerrada.

Del mismo modo, si se ha realizado un lavado profesional acudiendo a una lavandería, se puede alargar más el periodo de tiempo hasta el siguiente lavado, pudiendo llegar a los cuatro o cinco meses, mientras que si se ha realizado en casa, habrá que hacerlo de forma más habitual.

Las sábanas, edredones, fundas de almohadones o fundas nórdicas, por su parte, necesitan un lavado más frecuente si se usan de forma diaria. Así, la ropa de cama habrá que cambiarla semanalmente.

Por el contrario, una manta que se usa de forma esporádica o los almohadones de los cojines que se tienen en la sala de estar como elemento meramente decorativo se pueden lavar con menor frecuencia, aproximadamente, una vez al mes.