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Armonía y equilibrio para el bienestar

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Amelia Llop Garau | Profesión: Bailarina y profesora de Técnica Alexander. |Principales aficiones: El mar en invierno junto a sus hijas y un vino con amigas |Una pasión: Trabajar con el cuerpo.

Amelia Llop Garau | Profesión: Bailarina y profesora de Técnica Alexander. |Principales aficiones: El mar en invierno junto a sus hijas y un vino con amigas |Una pasión: Trabajar con el cuerpo.

Eugenia Planas

En un recoleto enclave del corazón del casco antiguo de Palma nos citamos con Amelia Llop Garau. Atravesamos el patio para acceder a su vivienda donde en un pieza de la misma, distanciada de la parte noble, se encuentran las salas donde se ejercita a diario y donde transmite sus enseñanzas. Allí el alumno percibe su cuerpo desde el interior y ello beneficia la postura corporal, respiración y concentración. En este espacio la silla es protagonista de una experiencia que nos invita a probar. Para ello abandonamos el cuerpo para recuperar el eje posicional y conseguir la relajación.

Amelia se formó en danza clásica en los cursos oficiales del Conservatori Superior de les Illes. La danza clásica era esfuerzo, estiramiento anómalo del cuerpo para alcanzar la estética deseada del movimiento, no dejarse vencer por el relajamiento muscular, percibir el suelo para preparar el salto, tesón y sacrificio. «Yo deseaba la libertad de la danza contemporánea, no ceñir el cuerpo a las normas, ser libre y hablar otro lenguaje».

En el santuario de Amelia, el sosiego es máximo y se percibe acompasando al sonido de la lluvia que tintinea en el antiguo patio de esta ciudad dormida. Nuestra relajación es evidente pero nos tensamos y despierta la emoción cuando Amelia gira sobre su eje y nos regala sus movimientos, los que la han traído hasta este pequeño reducto de su vivienda.

Unas hojas al viento pintadas por la artista Paz Alomar en armario y pared nos hablan de lo etéreo. Olimpia Velasco firma otra obra ubicada en el estudio. Y es que Llop, tras desarrollar su carrera de danza contemporánea en el Institut del Teatre de Barcelona, y en la Folwang Hochschule de Alemania, realizar cursos en Londres y en Viena, trabajar con las mejores compañías y participar en festivales internacionales, presenta coreografías propias y trabajos individuales en espacios culturales, museos o espacios urbanos donde colabora con artistas plásticos –Aina Lorente, Teresa Matas, Olimpia Velasco, entre otros– y comisarios de arte, en una fusión de disciplinas.

Armónico y equilibrado espacio en el salón de alta techumbre.

Amelia Llop ha vivido en Benidorm, Barcelona, Lisboa, Colonia, Londres y Viena. Ya en Mallorca, vivió en Deià, en Valldemossa y en Palma. «Me siento nómada pero, a la vez, muy familiar. Mis mejores recuerdos de infancia están ligados a la casa de mi abuela en Valldemossa y a las reuniones estivales con todos mis primos». En los aledaños de la Seu se sitúa su espacio íntimo. El salón acoge sofás blancos, butaca negra y obras de arte bicolores. La librería se fusiona con los muros y en sus estantes reposan cientos de libros que sus ojos han devorado. Es en el estudio donde encontramos libros de danza o de técnicas de conciencia corporal y reeducación postural, la Técnica Alexander de la que obtuvo el postgrado en Colonia e imparte cursos. Es esa otra mirada del cuerpo que experimentamos con ella la tarde en que nos vimos.

Combinación

Fue junto a la chimenea donde charlamos largo y tendido y comprobamos su gusto por la combinación de elementos arquitectónicos antiguos con muebles funcionales, antiguos o de diseño contemporáneo. La fusión de los mismos tiene como resultado una excelente acogida de la estética en todas sus vertientes. Aúna belleza en diversos espacios y uno de ellos es el recibidor, donde el minimalismo se hace evidente. Ante la puerta centenaria luce un escritorio, hermosos objetos decorativos y una obra de Paz Alomar.

Amelia Llop cuida el entorno que acoge todas sus vivencias cotidianas.

«Me gusta lo bello, sin reglas. Lo que me encanta es una chimenea donde hacer hogar, lugar de reunión». Le apasiona el aroma de las freesias y las maderas nobles. Le gusta la vida. Y sigue caminando Amelia con el porte hirsuto y la mente diáfana por unos pasos de coreografía, un solo de danza que pronto dará mucho que hablar.

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