Pedro Llabrés posando junto a su abuelo, quien le inoculó su pasión por la tierra y sus productos. | Jaime Mora

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Pedro Llabrés empezó a trabajar en el campo con 19 años. Lo hacía siguiendo una tradición familiar que se remontaba a su abuelo, y que él ha querido continuar con su propia empresa. En total, Llabrés trabaja cerca de 230 hectáreas de tierras ubicadas entre las zonas de Son Ferriol y Casablanca, pero también en localidades como Porreres, Llucmajor, Campos, Petra o Manacor. Allí siembra básicamente cereales, alfalfa y maíz, en unas labores para las que cuenta con el apoyo de dos tractores, además de personal de oficina y algunos operarios.

Cuenta Pedro los problemas que está generando a sus cosechas la creciente sequía que castiga los campos de la isla. En los tres últimos años, su producción se ha visto reducida de manera significativa, con un descenso de hasta el 30 %. Existe escasez de agua, y ello repercute a la hora de hacer las cuentas.

Apasionado de su trabajo –sostiene que «quien no nace con espíritu agricultor ya no se hace»-, Pedro Llabrés echa en falta una mayor ayuda de la Administración para quienes, como él, han hecho del sector primario su modo de vida. Lamenta como autónomo que no existan más subvenciones para su actividad, pero echa de menos especialmente una información más fluida.

Y es que, en su opinión, muchos agricultores se quedan sin percibir esas ayudas porque no existen canales de comunicación ágiles y efectivos que les permitan beneficiarse de ellas. «Nos piden multitud de requisitos para acceder a los fondos, pero la administración no se aplica tanta exigencia a sí misma», señala Llabrés.

El estallido de la guerra en Ucrania en febrero ha provocado un significativo descenso en la exportación de cereales -también maíz- por parte de aquel país. Esa falta de producto en toda Europa ha provocado que el precio de lo que Pedro Llabrés siembra cada año experimente un incremento próximo al 100 %. Pero no existen motivos de celebración.

«Los costes –subraya- han aumentado diez veces más». Y pone como ejemplo de esta inflación que devora el campo el aumento del gasoil. «Donde antes pagaba apenas 50 céntimos por litro –detalla- ahora pago 1,40 euros».

La espiral inflacionista parece no tocar techo, algo que preocupa a Pedro, propietario también de caballos y quien admite que hoy, con una nómina de entre 1.200 y 1.500 euros mensuales, resulta «inviable» poseer un equino por lo caro que resulta alimentarlos. «Si no cultivara yo mismo la alfalfa, no podría pagarla a precio de mercado», admite. Metido ya de lleno en la época de siembra, Pedro Llabrés confía en que las lluvias de estos días no sean un oasis en el desierto, y tengan continuidad durante los próximos meses para que 2023 permita una mayor producción de cereales que, a su vez, frene una tendencia alcista de precios «negativa para todos».