Montserrat Mascaró ha trabajado desde siempre en el campo y explica la evolución de la agricultura. | Joan Socies

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Montserrat Mascaró Cerdà Punta (Montuïri, 1974) es una de esas personas que se ha criado en una possessió. Sus padres estaban al frente de la finca de Son Coll, en Algaida, y allí Montserrat ya creció con la normalidad que fue para él trabajar el campo y cuidar los animales. Tras finalizar los estudios básicos siguió en sa Pobla cursando un grado superior agrario. Pero no lo finalizó y optó por trabajar de albañil y en una gasolinera. Estos trabajos los compaginaba con el fora vila y poco a poco se dio cuenta que era aquello lo que llevaba en la sangre. Así que enseguida ya optó por trabajar primero junto a su padre y después ya emprendió su camino haciéndose cargo de la possessió sa Bastida en Sant Joan, primero y después Son Company en Montuïri.

Montserrat Punta explica que «durante 25 años he disfrutado de trabajar en el campo. Pero ahora desde hace unos ocho años, entre la burocracia administrativa, la climatología, los precios incompatibles y trabajar por un coste muy bajo, la verdad, no disfrutas. Sin duda, hoy trabajar en el campo es completamente vocacional, lo haces porque lo llevas en la sangre. Nada más».

En referencia a la climatología asegura que a lo largo de estos años «se ha notado muchísimo el cambio climático». A día de hoy asegura que la siembra para las ovejas se ha retrasado un mes. «Yo era uno de los que no creía mucho en esto del cambio climático pero lo he tocado con las manos». Montserrat asegura que «hace unos años sembraba las pastures a finales de agosto y a finales de septiembre ya tenías comida para los animales. A día de hoy no tenemos comida hasta Navidad». De esta manera los payeses se han tenido que ir adaptando a las nuevas situaciones que les obliga la climatología.

Sobre el futuro del campo mallorquín, según Montserrat, falta mucho más apoyo por parte de la Administración, de los hoteleros, de los restaurantes. «Por ejemplo con los animales, veo poco apoyo por parte de la Administración. Está claro que los corderos que hay aquí no bastan para dar de comer a toda la población, pero tampoco vemos que los restaurantes u hoteles tengan o especifiquen que los animales sean de aquí, no vemos un sello identificativo». «En este caso concreto –añade– tenemos a Oviaragón que nos ha favorecido. Pero tampoco parece normal que se lleven los corderos vivos hacía allí, terminen de engordarlos y los devuelvan muertos hacía aquí».

Uno de los productos que según Mascaró sí que ha repuntado son los cerdos para elaborar sobrasada. «Se ha apostado mucho por la sobrasada y los productores de sobrasada de Mallorca han realizado un buen trabajo. Tal vez no han podido aumentar los precios en consonancia con el elevado coste del precio de la comida, fer un porc vale mucho». «Ahora mismo, en este momento, si tuviera que empezar a trabajar, a vivir de fora vila no lo haría. Tampoco lo recomendaría a un joven», asegura Montserrat.