Domingo Bonnín en el jardín del hotel de Alcudiamar, donde la federación realizó el jueves una degustación de atún rojo.

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Habla con un gran entusiasmo sobre cualquier asunto que tenga que ver con el sector pesquero balear. Domingo Bonnín nació en 1963 y creció muy cerca del mundo marinero del Port d’Alcúdia. Desde 2019 es el presidente de la Federació Balear de Confraries de Pescadors, cargo al que pudo optar al ser también Patró Major de la Confraria de Pescadors de Palma. Una de las últimas acciones de la federación ha sido una campaña para promocionar el atún rojo balear y la entidad pretende seguir realizando actividades para poner de relieve el producto local y fresco.

Su mandato al frente de las cofradías de Baleares arrancó poco antes de la pandemia y aunque reconoce que «la COVID-19 no nos golpeó con la misma fuerza que otros ámbitos y nos declararon sector esencial, sí que hubo serios problemas con nuestra cadena de negocio porque durante el confinamiento la población estaba muy asustada y no iba a los mercados a comprar pescado fresco».

La federación abarca 16 cofradías de Baleares, que disponen de 33 barcas de arrastre, 5 de cerco y 270 embarcaciones de artes menores. Domingo Bonnín menciona como principal problema común «la insularidad y la impresión de que en Bruselas no se han dado cuenta de ello». Se queja de que «nos tenemos que regir por una normativa de carácter general que nada tiene que ver con nuestra realidad y se aprueban borradores que llevan tres años circulando y que no tienen nada que ver con la situación actual de la pesca en las Illes».

Lamenta las situaciones que se producen como la de las cuotas del atún rojo y dice que «los pescadores autorizados de nuestras cofradías pueden capturar hasta 61 toneladas al año mientras que a seis grandes embarcaciones de cerco pueden llegar a las 1.300 toneladas para que luego el producto acabe vendiéndose en el mercado asiático. La pesca balear no puede depender de los despachos europeos y de decisiones de carácter general que toman responsables políticos presionados por los lobbies ambientalistas».

Sobre este aspecto, Bonnín también resalta «el ecologismo de ciudad que se da en nuestra sociedad. Me gustaría que muchos subieran a bordo de una de nuestras barcas y que vieran todas las medidas de preservación ambiental que llevamos a cabo».

El futuro del sector pesquero balear preocupa al presidente de las cofradías y a la mayoría de pescadores. «Es un gran problema porque es una profesión vocacional que te tiene que gustar», explica Domingo Bonnín, quien menciona «los momentos increíbles que te ofrece la pesca como puestas de sol o divisar ballenas, pero también los duros como el mal tiempo, los horarios y el trabajo ingrato». Como ejemplo pone la cofradía de Palma, «que en los años ochenta constaba de 24 barcas de arrastre, 16 de cerco y 50 de artes menores y ahora son de 3 de arrastre, 5 de cerco y 14 de artes menores».