El melón marina tiene una textura más floja que el melón sapo. | Redacción Part Forana

1

El precio del melón y la sandía se ha desplomado de forma espectacular estas últimas semanas. Martí Gelabert, payes de Manacor, sostiene que «es normal a estas alturas de temporada, con una gran cantidad de producto en el mercado, que haya una bajada. Pero este año en particular hemos asistido a un desplome inusual del melón marina desde prácticamente el inicio de la temporada», asegura.

Es normal ver estos días en las fruterías que el melón marina se vende entre 30 y 40 céntimos el quilo, llegando el pasado viernes a 19 céntimos el kilo. Pero es que en el mercado central Mercapalma se ha llegado a ofrecer a 15 céntimos al por mayor, mientras que payeses como Joan Pastor, de sa Pobla, han recibido precios de «unos 9 céntimos por kilo de melón y sandía», explica.

El melón marina es muy típico de las Illes Balears. Es un melón de una textura floja. Su carne no es tan consistente como por ejemplo la del piel de sapo.

Miquel Reus, payés de Muro, lo define como: «un melón de pasta blanda y muy dulce». Se caracteriza por tener un grado brix (azúcar) muy alto. Su piel externa es de un característico color amarillo intenso. Sin embargo su alto contenido porcentual en agua lo hacen ideal para las personas que siguen una dieta de adelgazamiento.

Aunque posee un gran contenido en agua, cifrado alrededor del 90 por ciento, es una hortaliza con un alto contenido en vitaminas A y C, además de minerales como el fósforo, potasio y magnesio.

Martí Gelabert considera que el bajo precio es consecuencia de «un efecto llamada entre los payeses. El año pasado fue bastante bien, tuvo precio, y este año la gente se ha animado a sembrar más pensando que la reapertura de la hostelería lo absorbería».

Miquel Reus es más contundente: «En Mallorca tenemos un vicio que es la envidia y cuando vemos que algo va bien todos nos tiramos a ello de cabeza. Ha habido muchos que han sembrado marina y muchas ‘quarterades’ además». El agricultor agrega que en su caso «puede que pierda unos mil euros, pero los habrá que contarán las pérdidas en decenas de miles». Reus sentencia que él no moverá el precio: «Yo los vendo a mi precio, al que considero justo. Si los quieren los compran y si no se los daré a los cerdos, pero no voy a regalar mi trabajo».