Miquel Carreras, en el Celler Can Ramis, de Sencelles, donde ha nacido su vino Clos de Mar. | Aina Borrás

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Miquel Carreras Pizà (Sóller, 1989) es un joven solleric que ha irrumpido en el panorama vinícola de Mallorca con la producción del vino blanco ‘Miquel Carreras Clos de Mar’.

Aunque actualmente en Sóller no existe apenas la viña esto no ha sido para Carreras un inconveniente. Según explica «quería llevar adelante mi proyecto, pero no tengo viña propia ni celler lo que me llevó a relacionarme con viticultores y elaboradores de diferentes puntos de la Isla». Miquel recuerda que «a finales del siglo XIX el boom de la viña llegó también al valle de Sóller y se conservan todavía muchos topónimos que lo recuerdan».

Como solleric le gustaría mucho cultivar y elaborar vinos en su valle natal algo que ve hoy como «muy difícil, ya que existen pocas fincas que reúnan las condiciones óptimas».

En esta primera aventura empresarial como fabricante de caldos pretende seguir un modelo de negocio sostenible y adecuado a las condiciones de la Isla. «Las economías de escala no casan con Mallorca», afirma, «es por eso que según mi humilde opinión Mallorca se debería decantar hacia la elaboración de vinos de pequeña producción y alta calidad, lo que nos permitiría diferenciarlos y darles un valor añadido».

En cuanto a su proyecto actual Carreras se acogió al Celler can Ramis, de Sencelles, que data de finales de 1870. La variedad escogida -giró blanc- ha sido cultivada por un payés que cultiva esta variedad y que carreras escogió «por como trabaja con esta variedad autóctona».

El resultado ha sido un vino blanco de producción limitada a 2.000 botellas, enumeradas y enceradas manualmente. «Soy muy exigente y seguro que puedo mejorar, pero me siento orgulloso del resultado y mi máxima ilusión es darlo ahora a conocer», explica el enólogo.

Carreras no esconde que el proyecto le ha llevado a afrontar no pocos retos relacionados con las limitaciones de espacio y facilidades tecnológicas, y siempre con el riesgo de que en algún momento del proceso el producto pudiera alterarse y estropearse en cualquiera de las etapas. «Justo ahora se cumple un año del momento en el que los racimos se seleccionaron y vendimiaron manualmente para después refrigerarlos durante un día y volver a seleccionar las mejores uvas mediante vibración. Después, un prensado suave para obtener la mejor calidad y fermentar y criar el mosto en barriles de roble francés durante unos 10 meses. Finalmente un filtrado suave antes de embotellar», explica, detallando todo el proceso.

Carreras se siente satisfecho con el resultado de lo que califica como «un pequeño proyecto que pretende arraigar en el sector vinícola a partir de dos ejes principales. Por una parte representar la identidad mallorquina mediante el uso de variedades locales y por otra buscar la máxima calidad del producto a partir del respeto por la agricultura y el trabajo artesanal».