La presidenta de Agromallorca, recientemente premiada, Isabel Vicens Gelabert. | JAVIER VIGUERA

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Isabel Vicens Gelabert (Selva, 1967) viene de ganar en Madrid el premio nacional Mujer AGRO Emprendimiento, en reconocimiento a su trayectoria al frente de la empresa hortifrutícola Agromallorca y su liderazgo en la gestión, durante los peores momentos de la pandemia (los meses de confinamiento), del reparto a domicilio de cajas de frutas y verduras frescas.

El galardón también ha valorado su apuesta por la economía circular con las cadenas hoteleras y Tirme en el reclicaje de desperdicios alimentarios para generar compost, la formación integral para sus trabajadores, las políticas de igualdad y empoderamiento de la mujer, su participación y ayuda en ONG locales e internacionales y, sobre todo, el esfuerzo y compromiso con la agricultura, el campo y sus gentes.

También se reconoce el trabajo de recuperación y puesta en valor de la tomàtiga de ramallet, de la que Isabel Vicens es máxima productora y embajadora entusiasta. Hoy presidenta y gerente de la sociedad agraria de transformación Agromallorca fundada en 1964 por su padre, Joan Vicens Tortella, Isabel lleva desde los 17 años fichando cada día en la empresa, entroncando así con el importante papel que la mujer ha tenido en el sector primario insular.

«La mujer siempre ha estado muy presente en el campo, aunque no siempre ha tenido la misma visibilidad que el hombre, algo que está cambiando», sostiene Isabel Vicens, quien ha recogido el testigo de su padre de 84 años al frente de un negocio familiar en el que se consolida una tercera generación con la implicación de sus hijos.

Licenciada en Administración y Dirección de Empresas, para Isabel Vicens la formación es una cuestión determinante, casi una obsesión. «Muchas veces se ha querido hacer creer que la gente de campo tiene menos cultura que el resto y que cualquiera puede dedicarse a sus tareas, y esto es una gran equivocación. La formación es indispensable, también el sector primario», advierte Vicens, quien, pese a llevar casi cuarenta años al pie del cañón, nunca ha descuidado su aprendizaje a través de varios másters y cursos especializados en la gestión de empresas y cooperativas alimentarias. Una fe en la formación continua que se esfuerza en transmitir, sobre todo, a su hija y a sus colaboradoras mujeres.

La filosofía de su padre se resumía en «trabajo, trabajo y trabajo», e Isabel, sin desdeñar en absoluto el esfuerzo diario, es muy consciente de que, además del meterle horas al negocio, es fundamental el estudio, así como la capacidad de adaptarse a los nuevos escenarios y demandas del mercado. Y no menos importante, tener visión de futuro.

De momento, el presente de Agromallorca es una actividad total que va desde la cría de la semilla hasta la venta del producto final. Todo ello es posible gracias a 426.500 metros cuadrados de invernaderos, 425.000 de árboles frutales, 6.200 de almacenes, 800 metros cuadrados de semilleros propios y al esfuerzo colectivo de una plantilla de 140 trabajadores.