Los hermanos Biel, Miquel y Toni Riera regentan este taller en Vilafranca que abrió su padre hace 40 años. | Gori Vicens

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La maquinaria, pequeña o grande, manual o mecánica, es imprescindible para trabajar el campo. Con el paso del tiempo, como todo, ha ido evolucionando. Antaño era habitual que en cada pueblo hubiera una o varias herrerías o talleres que fabricaran o arreglasen herramientas y maquinaria agrícola.

Ahora, buena parte de ello se moderniza, industrializa y además con diseños y comodidades impensables por nuestros abuelos. Por ejemplo las cabinas de los tractores con aire acondicionado y calefacción. Pero, aun así y para según qué tipos de trabajos los hay que todavía prefieren los ‘pequeños’ talleres, familiares, que todavía fabrican y arreglan maquinaria agrícola.

En Mallorca quedan unos pocos. Uno de ellos lo encontramos en Vilafranca, justo en la salida del pueblo hacia Felanitx. Los hermanos Biel, Miquel y Toni Riera (de Can Riera) han seguido la tradición de su padre, Miquel, ya jubilado, que montó el negocio hace unos 40 años.

Ellos continúan fabricando arados, cultivadores, cilindros, sembradoras, remolques para el traslado de ganado u otros menesteres agrícolas, «un poco de todo», explica Miquel, hijo. También «arreglamos maquinaria, tanto si nos la han comprado a nosotros como si no».

Una de las piezas que confeccionan y reparan en el taller

Fabricar aquí y no comprar importado también hace que el material pueda ser más personalizado. Aunque van produciendo los diferentes modelos de maquinaria, por encargo se pueden adaptar a las necesidades del agricultor. A este taller de Vilafranca acuden payeses profesionales y aficionados de toda la Isla. La calidad prima, dicen. El hierro y el acero son sus principales materias primas. Miquel comenta que el acero se utiliza más para las piezas de las herramientas cuyas partes están en contacto directo con la tierra, como pueden ser las cuchillas. En cambio, las partes exteriores suelen ser de hierro, y protegido con una capa de pintura.

Aunque van adaptándose a la demanda de mercado, según que piezas (por diseño o por coste de elaboración) es más fácil comprarlas a las industrias proveedoras y ellos, luego, lo complementan adaptándole piezas propias tal y como se ha hecho siempre en el taller, según las necesidades del cliente.

Muchas de las herramientas que todavía emplean para trabajar en el taller son las que utilizaba su padre, aunque también han ido incorporando de nuevas como es, por ejemplo, una curvadora. Pero, lo que más abunda en ésta herrería es el trabajo con yunque, brasa, martillo y soldadura eléctrica aplicada a mano. Miquel explica que, por suerte «nunca hemos tenido crisis. El trabajo en la agricultura es continuo, cuando no es sembrar, es cultivar, u otros menesteres, y siempre alguna pieza se rompe, o bien por uso o por
topar con una gran piedra. Sí que es cierto que cuando hay crisis no se compra tanta maquinaria nueva, más bien se arregla la existente», aseguran los profesionales.