Teresa Andrade | Marco Torres

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Es misionera de la Congregación María Mediadora y enfermera. Ha recorrido medio mundo en diferentes misiones: India, Colombia, Honduras, Ecuador, Àfrica... con programas para prevenir la desnutrición infantil, hospitales rurales, clínicas ambulantes, alfabetización, agua potable en los poblados, escolarización... Hace poco estuvo en Mallorca y Eivissa para dar a conocer sus trabajos, muchos de ellos financiados por Manos Unidas. María Teresa Andrade nació el 31 de julio de 1949. Le gusta la lectura y la música. Ha estado en Mallorca y Eivissa dando a conocer los proyectos que tiene su congregación, financiados por la ONG Manos Unidas. Y no ha parado: entrevistas, conferencias de prensa, sesiones de fotos...
Xisco Busquets.- ¿Está estresada, hermana?
Teresa Andrade.- Sólo cuando me hacen muchas preguntas a la vez. (Risas)
X.B.- ¿Es cierto que ayudando a los demás se ayuda uno a sí mismo a ser más feliz?
T.A.- No sé qué decirle. Si uno es más feliz o menos cuando ayuda a los demás. El trabajo en la misión también tiene sus cargas, sus cruces, su dolor, la penuria diaria del día a día...
X.B.- ¿Entonces...?
T.A.- Lo que te da felicidad es seguir amando y apostando por los demás, por un mundo más humano, más justo para los niños, los jóvenes, las personas mayores, pero para esto hay que mantener siempre viva la llama del amor.
X.B.- ¿A qué es debido que nosotros, que lo tenemos de todo a nivel material, no seamos felices, suframos muchísimas depresiones?
T.A.- Porque el egoísmo no da la felicidad, el dinero tampoco es generador de felicidad. En realidad en nuestra sociedad ya no hay tiempo para ser felices, sólo hay tiempo para consumir, para acaparar, poseer, tener muchas cosas, pero al final, ni siquiera sabemos valorar lo que tenemos: que es la vida, la familia, la amistad, y los valores que están enterrados en el corazón de cada ser humano.
X.B.- Usted ¿Es feliz?
T.A.- Yo pienso que la felicidad es la capacidad de una persona para sentirse contenta y en paz con aquello que le brinda la vida en cada momento, por ejemplo beber un vaso de agua cuando tienes tanta sed, cuando sientes seca la garganta, y que la lengua se te pega al paladar... entonces beber un vaso de agua te hace feliz.
X.B.- Claro.
T.A.- Pero puedo ser feliz contemplando una puesta de sol, o viendo las estrellas en una noche de luna llena, y tantas cosas como nos proporciona la vida. Pero, eso sí, la felicidad no quiere decir ausencia de dolor, son dos cosas que caminan pegaditas en la vida de todo ser humano, sea pobre o rico, negro o blanco.
X.B.- ¿Nunca tuvo una crisis?
T.A.- Sí, una vez. Mira, cuando llegué a Malawi y vi que cada día se morían niños en mi hospital a consecuencia de anemia, meningitis, malaria y desnutrición, sentí que todo mi ser se rompía, y me sentía culpable de semejantes injusticias. Me quise escapar, pero después recapacité y me propuse luchar. Y con la ayuda de Dios salí adelante. Los misioneros tenemos la fuerza en Dios.
X.B.- ¿Cómo se relaciona con Dios?
T.A.- Pues es muy sencillo. Mi relación con Dios es de "estar" así, como quien está con un amigo a gusto y no quiere que nunca se marche.
X.B.- ¿Por qué entró en el convento?
T.A.- ¡Mira, como si te enamoraras, así, de repente y ya lo dejas todo...!
X.B.- ¿Tendría sentido su vida fuera de la misión?
T.A.- Los misioneros, allí donde estamos y vamos, es nuestra misión. El mundo es nuestra patria, y los seres humanos, quienes sean, son nuestros hermanos. A estas alturas de la vida, creo que ya no sabría vivir de otra manera.
X.B.- ¿Cree que si volviera a nacer, se haría monja de nuevo?
T.A.- Sí, me haría monja itinerante.
X.B.- Entonces ya veo que no envidia a estas madres con hijos, marido, trabajo dentro y fuera de casa que van estresadas todo el día acompañando niños de un sitio a otro...
T.A.- ¡Fíjate: no envidio a nadie! (Risas)
X.B.- Aparte de aportaciones económicas, ¿qué más podemos hacer?

“Se puede ser humano, persona sensible con las necesidades de los demás, interesarse por el bienestar de otros”

T.A.- Se puede ser humano, persona sensible con las necesidades de los demás, interesarse por el bienestar de otros, presionar para que los gobiernos cumplan con la deuda que tienen con otros pueblos.
X.B.- La ONU se fundó en 1945 para paliar el hambre y para que no hubiera más guerras. Después de tantos años de ONU, ¿no es un poco sospechoso que siga habiendo guerras, hambre y miseria en el mundo?
T.A.- Muy sospechoso, pero no hay, como decía Santa Teresa "una determinación bien determinada".
X.B.- Cuando la gripe A, una monja catalana denunció a la OMS por el apoyo de ésta a las farmacéuticas. ¿Es evangélico denunciar las injusticias aunque sea a una organización de prestigio como la OMS?
T.A.- El evangelio y Jesús es muy claro en todo esto.
X.B.- ¿Usted se atrevería a imitar a Jesús y denunciar las injusticias o prefiere hacer su labor y callar?
T.A.- Todo depende, pero cuando denuncias ya sabes las consecuencias, sobre todo según en que países y lugares lo haces.
X.B.- ¿De qué manera podríamos beneficiarnos unos de otros, por ejemplo: los africanos de los europeos y al revés?
T.A.- Los africanos nos pueden enseñar a ser pacientes, saben esperar; tienen una gran capacidad de escucha, de sufrimiento; son generosos, saben compartir, dialogar, acoger... Nosotros les podemos ofrecer nuestra capacidad para luchar, soñar, librar batallas, salir adelante...
X.B.- ¿Qué podemos hacer desde aquí?
T.A.- Ser solidarios desde el corazón; pero no es una limosna la que saca de la pobreza a los pueblos; ellos necesitan que les ofrezcamos la oportunidad de salir a flote, por lo menos que vean la luz.
X.B.- Mucha gente apoya y respeta su trabajo, sin embargo les cuesta aceptar algunas de las decisiones que toman "sus jefes: algunos obispos, el Papa..." ¿Usted se apunta al voto de la obediencia o tiene su criterio y lo manifiesta?
T.A.-Yo tengo un voto de obediencia, pero eso no me exime de pensar, razonar, opinar, dialogar y ver la voluntad de Dios con aquellas personas que son mis superiores.
X.B.- ¿Usted sabe por qué las iglesias están vacías y no hay, prácticamente, vocaciones? ¿Será porque el marketing del Vaticano no funciona?
T.A.- No creo que el Vaticano tenga que ver con el tema de las vocaciones. Hay un gran vacío de valores, ya no se quieren asumir compromisos permanentes, y a Dios le arrinconamos.