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La fiesta en Barcelona poblera fue un año más un éxito. Miles de personas pasearon la noche del sábado entre plaza y plaza del barrio de Gràcia al calor de los foguerons, xeremies y glossadors pertrechados con ximbomba.
Entre la multitud, numerosos mallorquines residentes en la Ciudad Condal, otros llegados desde Mallorca, pero también se oyeron acentos de toda Europa y barceloneses que ya tienen como suya esta celebración que acaba de cumplir su mayoría de edad, 18 años. Por ello, no es raro que su precursor, Toni Torrens, afirme bien orgulloso que «esta fiesta ya puede andar sola».

Como viene siendo tradicional, por la mañana, una treintena de xeremiers acudieron a uno de los mercados del distrito y lo recorrieron pasillo a pasillo, llamando la atención de los clientes habituales, arrancando a más de un comerciante algún paso tras el mostrador del puesto y picando la curiosidad a más de uno.

Ya por la tarde, Guillem Espriu, regidor de Gràcia, recibió en el antiguo Ayuntamiento de la vila de Gràcia, hoy sede del distrito, a Toni Torrens y a los representantes del Ajuntament de Sa Pobla, Consell de Mallorca y Govern balear. Dado lo significativo de la fecha, Lluis Bover, teniente de alcalde de sa Pobla, hizo entrega de una carpeta que recoge todos los carteles de 'Sa Pobla a Gràcia'.

Antes del encendido oficial de los foguerons en las plazas de la Virreina, Diamant y del Nord, y en calles Verdi de Dalt y del Mig, entre otras, los xeremiers de Mallorca, precedidos por collas de dimonis, bastoners y trabucaires de Gràcia, recorrieron las pintorescas calles de la vila llamando a la fiesta. Pero lo cierto es que, durante ese pasacalles, las plazas ya estaban tomadas por cantidad de gente. Las colas para hacerse con la comida eran largas, aunque rápidas, lo realmente desesperante fue hacerse con un sitio en alguno de los foguerons y, lo que es peor, utensilios para asar en el caso de los menos previsores, que dependieron completamente de la buena disposición de los que salieron de casa armados con rejilla y pinzas.

Los grupos Carumbau y Abeniara cerraron la que muchos consideran la noche mallorquina en Gràcia, haciendo bailar hasta la última alma de la plaza de la Virreina hasta que las brasas se apagaron.