Frank Vicet, Antonia María Nicolau, Sebastián Bauzá, Alberto Tomás y Esteban Mercer. | Jaime Verd

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Una vez más lo conseguido por Álvaro Martínez, promotor del Mallorca Live festival, es indescriptible. ¿Cómo hará ese hombre simpático, humilde en su grandeza, listo y generoso, para conseguir crear en un campo inerte algo tan alucinante como el Mallorca live Festival? Les ruego, a aquellos que puedan permitírselo, que no se lo pierdan, que al menos una vez en sus vidas acudan a esa macroconcentración de personas venidas de todo el mundo para escuchar música y se lo pido para que entiendan la nueva Mallorca, esa que sí vende lujo.

Lo del festival es algo inaudito en esta tierra dada a la comodidad. Un gran escenario, otros de menores dimensiones donde la gente, sin agobios, va siguiendo el programa de la noche sin que se vea nada feo que despiste de la fiesta que se está viviendo. Una zona vip, y la grandeza del espectáculo de poder ver a 25.000 personas pasándoselo en grande gracias a una organización cada vez mejor y a las ganas de conocer de gente como yo que necesita estar al día para seguir viva.

Todo es modernidad, de la bien entendida, todo es bien, hasta los perritos calientes y la simpatía de la actriz Toni Acosta. Estaba todo el mundo, ni qué decir tiene, pero sobre todo estaba quien tenía que estar. ¡Qué felicidad! Me pregunto los beneficios adicionales que debe generar en la Isla un acontecimiento de estas características.