Las Dones en Dansa de Alaró rodean al galerista Gerhardt Braun, en una de sus galerías. | E.M. / J. Verd

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Comienzo con un título muy manido en las crónicas de sociedad, pero ninguno se adapta tan bien a lo que sucede en Palma, y por ende en toda Mallorca, durante la Nit de l’Art. La Isla y sus habitantes, muchos de ellos, no todos obviamente, y también los visitantes se transforman o, mejor dicho, nos transformamos en una versión mejor de nosotros mismos. La dedicación o devoción al arte deja de ser exclusiva de unos pocos y pasa a ser popular en el mejor de los sentidos, y a mi entender lo que es más importante, los que vivimos cerca de los artistas y las galerías durante todo el año vivimos una especie de fiesta patronal que nos unifica en torno a nuestros amigos profesionales de la cosa artística.

Palma y Mallorca ganan mucho cada Nit de l’Art, más de los que muchos creen, pero lo maravillosamente maravilloso es ver cómo la feria de las vanidades en la que participamos sigue más viva que nunca y esto es un buenísima señal. Este año no me perdí casi nada, pero es imposible llegar a toda la oferta. Estuve en el Hotel Sant Francesc disfrutando de Bernadí Roig y de su obra proyectada sobre los muros del patio central, la misma noche en que su hija cumplía años. Fue una noche mágica. Estuve también en el CCA de Andratx disfrutando también de la exposición increíble que acoge en sus salas, de la cena servida por el Jardín de Macarena de Castro, para coleccionistas, artistas y galeristas, y estuve también visitando las galerías que pude, no llegué a todas, pero me agradó como me agrada cada año disfrutar de la belleza de Sybilla en la exposición de la Galería Serra, que es de su novio. Se trata de un hombre atractivo, magnético y luminoso. Estuve también disfrutando de una cena gloriosa en Sadrassana con el artista Carles Congost, no se pierdan su exposición en Sadrassana porque es una maravilla, lo mismo que la nueva obra de Pep Girbent en la última planta del centro expositivo enfrentada a la de Susy Gómez.

Cené también con el diseñador Sebastián Pons en la misma mesa que el galerista Juanan Horrach y la artista Susy Gómez. La conversación que tuvimos debería ser difundida en los medios, se lo aseguro. Tuve también la ocasión de deleitarme con la compañía de Neus Cortés, Isabel Oliver, Susie Bellafont, Fede Pinya, las hermanas Bordoy Bennassar, José María Lafuente, Jero Martínez y Amador, Clara Garau y un larguísimo etcétera de nombres que deberían figurar en negrita, pero también disfruté, qué haría yo sin esa palabra para definir mi vida.

Hasta el Círculo Mallorquín abre sus puertas para celebrar esa noche de arte. El caso es que me gusta ver a todos los profesionales del arte durante estas fechas, pero me gusta incluso más ver cómo las calles se llenan de personas disfrazadas de artistas o coleccionistas. El look, la actitud durante esos días es lo más importante, no lo duden. Los hay que adoptan una pose estirada, sabia, casi irreverente frente al que no se emociona ante cualquier cosa, eso sí, sin mostrar la más mínima emoción. Los hay también que vagan perdidos en busca de la copa gratis, por qué no reconocerlo, o el ligue intelectual que ese día consigue una pátina especial gracias al ambiente cargado que se respira, y los hay que, lejos de divertirse, se quejan de las aglomeraciones sin abandonar los espacios ni que les maten. Los hay que disfrutan como niños viendo por primera vez una galería de arte de verdad, y se les nota que es lo más bonito de todo, y los hay que se descubren a sí mismos. Sería maravilloso poder contar la historia de cada uno durante una de sus Nits de l’Art, pero me quedo con una sucedida ante mis ojos que de tan bella nos llevó hasta las lágrimas.

Se la cuento: dos señoras elegantísimas paseaban la noche del sábado de galería en galería, al entrar en la Serra, una de ellas se presentó a Sybilla y lo mismo hizo ella. En ese momento nació la magia, pues la mujer, bellísima y con clasón, al reconocer a la diseñadora se emocionó recordando a su padre, del que era muy amiga. El padre de Sybilla, un hombre mítico de la sociedad internacional y diplomático, fallecido hace pocos años, dejó en sus amigos un recuerdo imborrable que se vio en la cara de esa señora deliciosa y fuerte que ha cruzado el Atlántico desde su Argentina natal para encontrarse casualmente con María Sybilla Sorondo, la hija de su amigo, en un espacio expositivo pequeño de las Ramblas de Palma.

Estas cosas suceden también en Mallorca durante la Nit de l’Art, más este año que ha celebrado su aniversario. Y sigue tan joven como el primer día, al menos eso es lo que quiero pensar para seguir alimentando la hoguera de la que me nutro. Frederic Pinya, presidente de Art Palma Contemporani, está feliz, así que yo también.