Lluvia de arroz a la salida de la iglesia de Ruberts. | Studi Molins

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Mas vale tarde que nunca y ellos, los novios más guapos de Mallorca, lo tenían muy claro, era su día, y querían celebrarlo por todo lo alto. Vivieron mucha incertidumbre, puesto que la incidencia de la quinta ola bajaba muy lentamente, pero los mejores pronósticos se cumplieron cuando les dijeron que podían mantener 137 invitados, siempre y cuando acreditaran su certificado de vacunación, haber padecido la enfermedad en los últimos 6 meses o, en su defecto, PCR o test de antígenos.

Marga es médico y Joan farmacéutico, así que se pueden imaginar lo concienciados que están. El 7 de agosto empezó con calor y un cielo espectacular. La novia se había encargado de llevar a Santa Clara los huevos típicos para que ese día el sol luciera en su máximo esplendor, y así fue. A las 17 horas se inició la ceremonia con las macetas de cerámicas llenas de agua con hielo, que sofocaron los calores de todos, así como los abanicos proporcionados por los novios. La misa fue oficiada por Toni Cañellas. La iglesia de Ruberts es encantadora, pequeña y romántica.

A ella accedieron los novios del brazo de sus emocionados padres. Son Mir, con el atardecer como protagonista, fue el lugar elegido para la fiesta, que llegó al culmen con el baile de los novios interpretando Amor Eterno de Dirty Dancing. Los novios estaban guapos a rabiar. El novio iba hecho un pincel con un traje que le sentaba como un guante. Y la novia, ay la novia, maravillosa en ese vestido con la botonada mallorquina tan especial y los zapatos azules de Manolo Blahnick.

El vestido de la fiesta, un flechazo en todos los sentidos, con mucha personalidad, maravilló en una boda cuidada hasta el extremo, llena de detalles. ¡Marga y Joan, que seáis muy muy felices, os quiero mucho!