Reynaldo Luza, un artista del glamour que captó la sociedad ibicenca de los años 30

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08-02-2018

Durante estos días, el Museo de Arte Moderno y Contemporáneo de Palma Es Baluard, de mano de su directora Nekane Aramburu, está reconstruyendo su colección permanente de fotografía de vanguardia y relatos de mujeres excluidas de la historia oficial. Gracias a ese proceso se pueden ver una decena de fotografías que el conocido artista peruano Reynaldo Luza (Lima, 1893-1978) tomó en la isla de Ibiza en 1935.

Todas ellas forman parte de una amplia colección de imágenes que ocupan toda una pared en la primera sala de la colección permanente del centro y que se suman a las que también están disponibles en portales de Internet de Perú como el de la galería Atelier FotoLaser, que participa anualmente en la prestigiosa feria internacional de fotografía Lima Photo, o en www.artvalue.com

El denominador común de estas fotografías tomadas por Luza es su tono costumbrista ya que sus principales biógrafos aseguran que una de sus mayores aficiones «era el registro de escenas cotidianas con su cámara». En ellas, las grandes protagonistas son las mujeres y su día a día. Se las puede ver vestidas con sus trajes de faena o sus trajes de fiesta con sus emprendadas, sus anillos o sus capells de floc, trabajando en el campo a las afueras de Vila, acarreando agua por el barrio de Sa Penya o agrupadas asomadas al pequeño balcón de su casa encalada de blanco. Algunas han sido captadas mirando directamente a la cámara, otras intentan esconderse y otras sonríen tímidamente ante el objetivo de la cámara del artista peruano, regalándonos imágenes de un valor antropológico incalculable para comprender cómo era la vida en la isla hace más de 80 años. Y es que además estas imágenes también nos permiten conocer cómo eran las calles y los edificios antes de que comenzara la Guerra Civil española.

Según publica El País, Nekane Aramburu decidió traer esta colección cuando descubrió la vinculación del artista peruano con las Balears durante una visita a Art Basel Miami. Descubrió, por ejemplo, que Luza había viajado a Ibiza acompañado de parte de su círculo de amistades, compuesto fundamentalmente por Elsa Schiaparelli, Coco Chanel, Cristóbal Balenciaga, Salvador Dalí, Carl Erickson o Man Ray, y de su trabajo le llamó especialmente la atención «las formas geométricas que escogía deliberadamente para los personajes que protagonizan sus imágenes y cómo, junto al mundo de la sofisticación en el que él se movía, habiendo hecho fotografías para Vogue, Vanity Fair o Harper’s Bazaar, fue capaz de recuperar atuendos locales con los que viste a las mujeres del campo y en sus días de fiesta».

Sus 2.200 fotografías vieron la luz en 2011

No le falta ni un ápice de razón a la directora de Es Baluard ya que todos aquellos que conocieron y han seguido la obra y la trayectoria de Reynaldo Luza la asocian con la moda y el glamour, ya que el artista limeño tuvo una vida de sofisticación inimaginable. Las principales revistas de la época y la élite de las ciudades más importantes de la época como París, Londres o Nueva York, todos se rindieron a su talento como fotógrafo, ilustrador, dibujante, pintor y hasta decorador.

Tal y como asegura Carlos García Montero Protzel, director de la Y Gallery de la ciudad estadounidense de Nueva York y el mayor impulsor de su legado, Luza siempre iba con una cámara Rolleiflex en la mano. Gracias a ello, y únicamente con la intención de dar salida a su pasión por la fotografía, consiguió llevar a cabo un asombroso trabajo de documentación que sin embargo sólo vio la luz durante el año 2011.

El causante de ello y de devolver a la primera línea al artista peruano fue precisamente Montero Protzel, quien decidió dar salida al archivo de más de 2.200 imágenes que había recibido su padre y sobrino nieto de Luza, a su muerte en 1978. El archivo estuvo durante varias décadas olvidado en un baúl y contenía retratos de las damas más elegantes de Lima, paisajes de su amada costa peruana, capturas de algunos momentos en alta mar, desérticos paisajes costeros y escenas cotidianas de sus muchos de sus viajes como el que hizo a Ibiza en 1935 y que ahora han vuelto a adquirir de nuevo total vigencia.

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