Lía Randich: «Siempre hay que intentar hacer cosas diferentes en la vida porque lo cotidiano al final es muy grotesco»

| |

Valorar:
preload
Quedamos con Lía Randich en Marina Botafoch, en el restaurante la Trattoria del Mar, y allí aprendimos a hacer puros de manera artesanal. Sin embargo, entre risas y confidencias, nos quedó claro que aún nos queda mucho por practicar para llegar al gran nivel de nuestra Sardina Negra de esta semana.

Quedamos con Lía Randich en Marina Botafoch, en el restaurante la Trattoria del Mar, y allí aprendimos a hacer puros de manera artesanal. Sin embargo, entre risas y confidencias, nos quedó claro que aún nos queda mucho por practicar para llegar al gran nivel de nuestra Sardina Negra de esta semana.

05-02-2018 | DANIEL ESPINOSA

Lía Randich, es con todo el respeto y con mi mayor admiración, lo que diría mi abuelo Leandro una mujerona. Esta cubana, torcedora de puros, es todo vitalidad y alegría. Muy conocida en Marina Botafoch desde que llegara a la isla de Ibiza hace casi dos décadas todo en ella desprende buen rollo. Para nuestra entrevista quedamos con ella en la Trattoria del Mar y allí, aparece con el retraso permitido para una mujer del Caribe, vestida de blanco y cargada con todos los utensilios que emplea para hacer puros. Y así, sentados en una mesa y entre hojas del tabaco pasamos una mañana divertida en la que charlamos de todo y tras la cual, nos marchamos sabiendo muchas más cosas de la vida. Y eso que nuestra aspirante a Sardina Negra de esta semana sabe mucho más que lo que cuenta.

—Es usted torcedora de puros. Perdone mi incultura. ¿En qué consiste su trabajo?

—Realmente soy una mujer que convierte las hojas de tabaco en un pirulo para fumar. Soy distribuidora de placer (Risas).

—Creo que toda su familia se dedicó a esto...

—Sí. Soy la quinta mujer de una generación de mujeres torcedoras de puro. Todas artesanales.

—Entonces, ¿es usted la única torcedora de puros de Ibiza?

—Y, posiblemente, también de España. Aún así, aún me queda seguir aprendiendo para ser como mi abuelo, que era un maestro torcedor, y que siempre que mira un puro mío me dice que tengo que seguir mejorando. (Risas)

—Casi desde la época de Cristóbal Colón...

—(Risas). Pues casi. Según las reseñas de la época, él cuando llegó a la isla y puso los pies en tierra una de las cosas que más le llamó la atención fue aquel pirulo encendido que llevaban en la boca los indios. Ten en cuenta que aunque aquí era algo normal en la España de los Reyes Católicos no se había visto nunca.

—Y hasta hoy. Los puros cubanos son un referente.

—No es un referente, es el buque insignia de Cuba. No se entiende nuestra isla sin el tabaco y el tabaco sin nuestra isla. Tenemos el mejor del mundo, sin ningún género de duda. Y eso se debe, entre otras cosas, a nuestra situación geográfica y a la formación geológica de Cuba.

—Yo no he fumado en mi vida así que la creeré, sobre todo teniendo en cuenta lo bien que huelen las hojas que nos ha traído...

—¿Verdad? Es algo que no he entendido nunca. Con lo que adelantan las nuevas tecnologías y que no se haya podido inventar una cámara que plasme los olores... (Risas).

—Hemos hablado del tabaco cubano pero hablemos de usted. La gente la conoce mucho en Ibiza, sobre todo en Marina Botafoch, ¿cuánto tiempo lleva con nosotros?

—Más de veinte años, pero lo que casi nadie sabe es que soy mitad cubana y mitad ibicenca. Y los que lo saben se quedan muy sorprendidos (Risas).

—¿En serio?

—Pues sí. Pero no soy la única. En Cuba hay muchos descendientes de ibicencos que emigraron a nuestra isla y aquí también hay bastantes que tienen raíces con Cuba. De hecho, allí todo el mundo tiene un primo, un abuelo o un tío que llegó en alguno de los dos grandes flujos migratorios desde las islas hasta Cuba.

—¿Entonces el don de la hospitalidad cubano se debe a una mezcla de todo?

—¡No! Eso es cien por cien cubano. (Risas)

—¿Y el secreto para que muevan el cuerpo con ese tumbao?

—Eso es de nacimiento. Según los estudios científicos el ritmo se transmite desde el vientre materno. Y después, un consejo. Lo mejor para bailar bien es pararte unos segundos cuando empiece la música para que el ritmo te entre en el cuerpo. Y funciona. Da igual que sea rock, flamenco, salsa, merengue o guaguancó.

—¿Y la alegría que desprenden?

—Pues también. Pero no es cuestión de una raza o de un país sino de cada persona. Yo soy de las que pienso que hay que reírse de todo, hasta de las desgracias, para que la vida merezca la pena.

—Pero eso a veces es complicado...

—Puede ser, pero hay que darle a un botoncito que todos tenemos dentro. Por ejemplo, si pasas por un charco de agua sucia y lo pisas no hay más remedio que reírte de ti mismo por lo tonto que has sido por pisarlo y ensuciarte. Es mejor que te rías tú el primero antes de que lo hagan los demás. Y luego, reírse todos juntos. (Risas)

—Lo cierto es que usted brilla toda en sí misma. Su traje tradicional, sus utensilios, su sonrisa o su personalidad. ¿Qué es lo que más llama la atención cuando va a bodas o eventos?

—De todo. Ver como se hacen puros llama la atención porque es algo que está vivo y eso cuando se contempla, en primera persona y de cerca, transmite mucho. Es un símil de la vida. Estamos vivos y eso es muy importante. ¡Qué más se puede pedir! (Risas).

—Eso es cierto. Al igual que Javier Vargas la semana pasada, usted nos regala un titular tras otro...

—Así somos los artistas. (Risas). Hay que intentar hacer siempre cosas diferentes porque lo cotidiano es muy grotesco. Y a mí, personalmente, no me gusta vivir en lo grotesco. (Risas).

—¿Usted es más de la Floridita o de La Bodeguita del Medio?

—De La Floridita al 120 por cien. Soy más de ir a sitios tranquilos y en La Bodeguita del Medio te tropiezas constantemente y estás muy apretado.

—¿Entonces más de daikiri o mojito?

—De daikiri porque creo que se ha perdido la esencia del mojito... sobre todo porque ya se hace con azúcar moreno y eso es una aberración. Lo veo y me pongo mala (Risas).

—¿Por qué?

—Porque el azúcar moreno es el primer azúcar, está sin refinar, y tiene un sabor más fuerte que distorsiona todo lo que toca. Pero, claro, cómo dices eso en una coctelería de primer nivel. Me callo y punto. Además, el azúcar moreno es el reconstituyente que tomaban los balseros. Te lo recomiendo, cuando estés cansado, pones tres cucharadas de azúcar moreno en un vaso con agua y verás que bien te sienta. (Risas)

—Y ya puestos a comparar. ¿Es más de Silvio Rodríguez o de Compay Segundo?

—¡Ay! Si me dices de Silvio soy de Pablo y si me dices de Compay soy de Faustino Oramas Osorio, el Guayabero.

—Bueno es que para los que nos gustan los cantautores como a mí, Pablo Milanés es casi una leyenda...

—(Risas). Sin duda. Sobre todo porque más allá de su música, que es magnífica, ha conseguido seguir durante cincuenta años sin distorsionar su mensaje. Y eso no es nada fácil de conseguir.

—Hablando de mensaje. ¿Cómo ve la situación actual de Cuba?

—Pues te la describo fácilmente. ¿Ves esta hoja de yagüa que se usa en la elaboración de puros? Pues así es Cuba, una yagüa que flota en el Caribe, sin hundirse y sin mojarse. Ya en serio, creo que el problema es que no hay un proyecto serio y tampoco alternativa de ningún tipo. Actualmente hay dos bandos y a cada cual más confundido y alejado de la idea fundamental. Y así nos va, que no sabemos a donde vamos a ir.

—Me han dicho también que le gusta mucho Sevilla y la Maestranza.

—Por supuesto. Me encantan los toros y una corrida. Incluso cuando es mala porque ver como las vacas se llevan a un toro hacia el interior tiene su... Ver tantas mujeres mandando a un hombre dominante... tiene su punto. (Risas). Además, cuando hay una buena tarde de toros se desprende una energía que no sabría explicar con palabras y que hace que la calle termine hirviendo.

—¿Y Sevilla?

—Me encanta. Yo estoy convencida de que en mi vida anterior debí de vivir allí. Nacer no, porque soy muy cubana, pero vivir sí que sí. Sevilla es como la Cuba del siglo XVIII en el siglo XXI.

—¿Y Cádiz? También tiene malecón y muchas personas las comparan...

—Está muy bien pero no me identifico tanto. Sevilla para mí es especial. No hay nada igual.

PEQUEÑA BIOGRAFÍA

Lía Randich nació en Cuba un día de enero. Es torcedora de puros siendo la quinta de una generación de mujeres de su familia que se dedican a este oficio. Llegó a Ibiza hace dos décadas y se ha convertido en una de las mujeres más queridas de Marina Botafoch

A FONDO

✎ UN LIBRO. La reina descalza de ldefonso Falcones
✎ UNA PELÍCULA. Sexo en Nueva York
✎ UNA SERIE. Juego de Tronos
✎ UN GRUPO. Pablo Milanés
✎ UN COLOR. Negro
✎ UN PLATO DE COCINA. Todo
✎ UN DEPORTE. Ninguno
✎ UN VIAJE QUE NUNCA OLVIDARÁ. Cuba
✎ UN LUGAR DE LA ISLA DONDE SE PERDERÍA. Cala Jondal
✎ UNA MANÍA. Morderme los dientes
✎ UN DEFECTO. Bastantes
✎ UNA VIRTUD. Ninguna
✎ UN SUEÑO POR CUMPLIR. La luna
✎ ALGUIEN A QUIEN ADMIRE. A todo el mundo
✎ TE HUBIERA ENCANTADO SER... Torcedora de puros

Comentar

* Campos obligatorios

De momento no hay comentarios.