Misa y homenaje a los mayores

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Los sonadors de la Colla des Broll abrieron y cerraron una misa que tuvo como protagonistas a los más mayores del municipio. Foto: DANIEL ESPINOSA

Los sonadors de la Colla des Broll abrieron y cerraron una misa que tuvo como protagonistas a los más mayores del municipio. Foto: DANIEL ESPINOSA

07-02-2016

Santa Eulària rindió ayer su particular homenaje a las personas mayores del municipio en un acto incluido en el programa de fiestas de la Villa del Río. A las 12.00 horas, la capilla de Lurdes albergó un breve oficio, de poco más de media hora, para el que el templo quedó pequeño. Unas 120 personas, la mayor parte de ellas octagenarios de la parroquia, ocuparon las dos filas de bancos de esta pequeña iglesia. Otros fieles utilizaron algunas sillas adicionales ubicadas en la entrada e incluso hubo quien tuvo que seguir la misa de pie.

El párroco local, Vicent Ribas, evocó durante la eucaristía la figura de la patrona municipal, Santa Eulàlia, una niña de 13 años que se convirtió en mártir al defender en Barcelona a los cristianos, perseguidos en en el siglo III d.C. bajo en tiempos del Emperador Diocleciano.

El clérigo hizo también una amplia referencia a los protagonistas del día, los mayores de la Villa del Río. Dijo que «un pueblo que no escucha y no respeta a sus viejos, es un pueblo muerto».

Asimismo, citó al Papa Francisco, que «siempre» ha destacado la importancia de prestar atención a los mayores «porque nos transmiten su sabiduría y su fe». «Los viejos somos nosotros dentro de poco o mucho tiempo», señaló Ribas parafraseando al Sumo Pontífice, de quien recordó el estrecho vínculo que le unía a su abuela. Al parecer, Rosa, que era el nombre de su anciana antecesora, le inculcó al joven Francisco el valor relativo de las cosas materiales. «Recuerda que la mortaja no tiene bolsillos», citó el párroco santaulariense.

Las flaütes tambors de los sonadors de la Colla des Broll, cerraon el acto religioso, tal y como habían al principio para iniciarlo. Seguidamente, los ancianos fueron abandonando el templo y se dispusieron a trasladarse al retaurante Can Bernat, donde se celebraría una gran comida para unas 350 personas.

Era el caso, por ejemplo, de Josep y Maria, dos vecinos de Santa Eulària. «Yo aún no tengo los 80 pero él ya tiene 85 y voy como su acompañante», justificaba la mujer. Dos autocares les esperaban a ellos y al resto de invitados para llevarlos al citado establecimiento. Entre ellos, el alcalde Vicent Marí, quien manifestó que se trata de uno de los actos «más entrañables» del programa de fiestas porque «se reúne a vecinos que llevan 80 o más años viviendo en el municipio y que han ayudado a sacarlo adelante».

 

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