«¡Ahora me faltan 100 años más!»

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Vicent Ferrer Ferrer, Marines, ayer mismo en su casa justo cuando acababa de cumplir cien años. Foto: T. ESCOBAR

Vicent Ferrer Ferrer, Marines, ayer mismo en su casa justo cuando acababa de cumplir cien años. Foto: T. ESCOBAR

06-02-2016

Posiblemente Cala Llenya no está muy urbanizada gracias a Vicent Ferrer Ferrer Marines, un vecino que ayer cumplió nada más y nada menos que 100 años. Y todo porque su finca, Can Vicent d’en Marines, heredada de sus padres y que transcurre desde la montaña hasta la costa, nunca ha sido vendida a pesar de las suculentas ofertas. Una finca que Vicent heredó de sus padres y que ha ido transformando poco a poco. «Ellos me dijeron que antes era propiedad de los moros; cuando me la dieron era todo bosque y ahora hay almendros, algarrobos y viñas».

Vicent Ferrer Ferrer, que perdió a su mujer hace 14 meses después de 63 años de casados, está, según los médicos,  «perfecto de salud». A pesar de que la pérdida le afectó bastante, con el tiempo lo ha superado, vive solo, y ahora disfruta de su familia y su rutina diaria. Una rutina que comienza a las seis de la mañana y que consiste en vestirse solo, hacer la cama, encender la radio, la televisión, la calefacción y esperar a que, sobre las ocho de la mañana, aparezca su hijo. Después, come siempre con una copa de vino y cuando se va a dormir, sobre las siete y media de la tarde, no falta en su mesilla de noche otro vaso de vino con Fanta que cada día amanece vacío y que, quizás, sea la clave de su longevidad.

No en vano, Vicent, el menor de seis hermanos y que según su yerno, Pep Xumeu, es «el hombre más rico de Cala Llenya», tiene una mente clarísima: «¡Ahora me faltan 100 años más!» bromea junto a sus dos hijos, María Ferrer Ferrer de 67 años y Vicent Ferrer Ferrer de 68, y su yerno. Tal vez el elixir de su eterna juventud provenga del vino que sale de sus popias viñas. «Todo el que hago me lo bebo aunque aún me queda una bota con vino del año pasado que no he abierto».

Tras hacer el servicio militar obligatorio durante siete años en el Pereyra, este feliz abuelo de cuatro nietos y bisabuelo de dos bisnietos, se ha dedicado toda la vida a cuidar de su finca y trabajar el campo sin sucumbir a la industria del turismo. Hace poco quería ir a Argentina y ahora dice que quiere ir a Canarias tras haber visitado de vacaciones Mallorca, Barcelona, Madrid, Valencia y Galicia. Y es que hace poco le hicieron una revisión en el hospital Can Misses y lo encontraron perfecto. «El médico me dijo que mi padre estaba bien hecho a pesar de la sordera y la falta de vista», confirma Vicent Ferrer hijo. «Siempre ha trabajado en el campo y siempre ha vivido en Cala Llenya, muy tranquilamente porque él va a su ritmo, cuando necesita descansar descansa y tiene la tranquilidad de que siempre ha estado cuidado», concluye.

De hecho, Vicent Ferrer Ferrer parece que ayer por la mañana le dijo a su hijo, «¡He llegado!». 100 años en los que «no todos los días han sido buenos, también han habido malos, pero los he cogido a todos», bromeó mientras asegura que «antes conocía a todos los personajes de Sant Carles y Santa Eulària pero ahora los viejos ya no están y de los jóvenes no conozco a ninguno porque yo no salgo y no voy a ninguna parte». 
Sin embargo, mañana hará una excepción y viajará hasta Sant Carles donde le espera una una misa y un aperitivo para celebrar estos 100 años tan bien llevados.   

 

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