Uno de los atropellados, que son hermanos, falleció. | R.S.

«Lo que viví el miércoles es algo que no olvidaré nunca, me marcará para siempre. No puedo entender cómo la persona que les atropelló se pudo dar a la fuga. Hay que tener sangre fría… Estoy convencida de que la persona que se ha entregado no es la que iba al volante». El relato de la vecina de Algaida que dio el primer aviso del atropello con fuga al 112 y auxilió a los chicos es escalofriante. Ella prefiere mantenerse en el anonimato. Relata lo ocurrido y pide mejoras en la carretera para minimizar el riesgo de accidentes.

«La fuga es algo imperdonable. Yo iba en el sentido contrario y me tuve que cruzar con el coche, pero no me crucé con ningún vehículo sospechoso al que le faltara un faro, que tuviera la luna rota o condujera nervioso. Ya se lo dije a la policía. El cruce de Randa está muy cerca y se debió meter por allí. Hay que tener sangre fría, a mi no se me olvidará en la vida. Iba con mi hija mayor de copiloto cuando vimos a un chico en medio de la carretera con la cara llena de sangre pidiendo ayuda. Paré donde pude mientras mi hija llamaba al 112 y el chico solo me preguntaba por su hermano, me decía que habían atropellado a su hermano, pero allí no se veía nada, todo estaba oscuro. Él me señalaba la zona y con la luz del móvil al final le vimos en medio del sembrado, estaba muy mal», recuerda. Explica que dieron aviso al 112 y poco a poco ya se iban parando más coches, entre ellos una chica que bajó con bata blanca y era enfermera. «Le cogió el pulso y el hermano solo le decía, dime la verdad, dime si tiene pulso. Le contestó: no tiene pulso, pero le vamos a ayudar. Comenzó a hacerle la RCP».

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«La policía local llegó rápido con un desfibrilador y se fueron turnando hasta que llegó la ambulancia. Nos llevamos al niño a un lado mientras reanimaban a su hermano y le estuvimos pidiendo el teléfono de sus padres, dándole conversación para que el niño no estuviera tan pendiente. Esta es una carretera peligrosa. Yo hace 15 años que vivo en Algaida y hace más de 25 años que tengo amigas que viven en la zona y en esta carretera ha muerto mucha gente. Hay gente que tiene que desplazarse de Algaida y Llucmajor y no hay servicio público de transporte, si lo hubiera seguramente estos hermanos habrían cogido el bus. El pequeño llevaba la tarjeta del TIB, yo misma se la devolví porque se le había caído», dice.

«No hay arcén, la iluminación es nula y encima estaba lloviendo. Fue una fatalidad. El chaval estaba desesperado en medio de la carretera con la cara llena de sangre y me decía: han atropellado a mi hermano. Estaba en shock. No sé cómo el conductor pudo huir», concluye.