Luis y Martín tenían experiencia en la montaña y llevaban trajes de neopreno, cascos, cuerdas y mosquetones.

Martín Prado Mestre, médico de 27 años de edad, Luis París Musolas, enfermero de 37, y Marina Cuevas Jurado, doctora de 29, compartían una pasión: la montaña mallorquina. Y a los dos últimos, que eran pareja, más concretamente el barranquismo. El lunes, a las diez de la mañana, llegaron al torrente de Lassarell, en la finca de Pollença del mismo nombre. Es un cauce de aproximadamente dos kilómetros y medio que la mayoría del año está seco y que a esa hora llevaba un caudal considerable. Llovía y la previsión meteorológica no era optimista. La zona estaba en alerta amarilla.

Los tres amigos tenían experiencia en la montaña y llevaban trajes de neopreno, cascos, cuerdas y mosquetones. Empezaron el descenso del torrente, haciendo rapel y poco a poco el día se fue complicando. Estaba nublado y no paraba de llover. Poco antes de las cuatro de la tarde, la situación se desbordó.

Un infierno

El caudal subió de golpe, presumiblemente un metro y medio, y arrasó con todo lo que encontró a su paso, con gran virulencia. «El torrente se convirtió en un infierno y encañonó» a los tres barranquistas que se habían adentrado en el cauce, según explicó ayer un mando de la Guardia Civil. Se trata de un término técnico para denominar cuando el cauce hace un efecto embudo y se va estrechando, con un caudal de agua que colapsa y se desborda.

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Luis, con gran experiencia, mantuvo la sangre fría y consiguió sacar de la «cascada mortal» a su novia, Marina, según relató ella misma tras ser rescatada. Tampoco se desentendió de su amigo Martín, al que intentó mantener a flote todo el tiempo posible. Fueron unos segundos de desesperación y los investigadores calculan que en un minuto, aproximadamente, todo acabó. La médico, tras la providencial ayuda de su novio, que le pasó la mochila con el móvil, pudo quedar a salvo y llamar al 112, todavía sobre una roca y con el agua desbordada a ambos lados.

Estaba anocheciendo y el equipo de montaña de los Bomberos de Inca, así como el GREIM de la Benemérita, acudieron a ese enclave de la Serra. Eran más o menos las 16.40 horas cuando comenzaron la búsqueda de Luis y Martín. Al caer la noche utilizaron linternas, frontales y focos y fueron peinando poza por poza, en busca de los dos desaparecidos. Uno de los bomberos que encontró los cadáveres recordó ayer cómo ocurrió el desenlace: «Debían ser las ocho de la tarde y vimos un casco de color azul en el agua. Al acercarnos comprobamos que el otro desaparecido estaba debajo, con un casco verde. Creo que uno cayó y el otro intentó ayudarle y ambos se ahogaron porque el agua bajaba con muchísima fuerza».

Los dos amigos se quedaron a unos dos metros y medio del último salto del torrente, el que posiblemente les habría salvado la vida. «Estaban atados a una cuerda de unos tres metros y quedaron anclados. Se trata de una cuerda de las que utilizan para salir de las pozas. La subida de agua fue muy potente, posiblemente de más de un metro o metro y medio de altura. Cuando nosotros los sacamos, el caudal ya había bajado bastante», explicó el bombero. La pareja flotaba en una poza y el rescate no fue complicado: «Trabajamos conjuntamente con la Guardia Civil y para rescatarlos usamos una instalación con freno de carga. Habían sufrido algunos golpes, pero creo que murieron ahogados». Otro benemérito que colaboró en el rescate resumió la situación explicando que la pareja de deportistas se encontraba en el peor tramo posible y en el peor momento.

En un minuto, la cascada mortal se llevó por delante la vida del médico anestesista y del enfermero de Son Llàtzer. Ambos eran muy queridos en el hospital palmesano, que está de luto. Con todo, el heroísmo de Luis consiguió salvar a su novia, Marina, que escribió su desgarrador testimonio en las redes sociales: «Nada cura esto, pero creo que aún tardaré en asumirlo todo. ¡Mil gracias! Dos grandes estrellas brillarán ahora en el cielo. Luis, siempre serás el amor de mi vida y quien me ha enseñado a crecer y a amar».