Los dos acusados fueron juzgados en Vía Alemania, en Palma. | Alejandro Sepúlveda

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Una jueza de Palma ha condenado a un abuelo a tres años de cárcel y a una madre a dos por maltratar a su hijo por ser transexual. La titular del Juzgado de lo Penal 6 les considera autores de un delito de trato denigrante en concurso con lesiones psíquicas. Al hombre le impone más pena por amenazas a su nieto, a quien manifestó que le iba a causar «un daño personal, social y profesional que tenía preparado, diseñado y decidido». Ambos deberán indemnizarle con 12.000 euros por daños morales.

Los acusados, según la sentencia, bombardearon al perjudicado, de 23 años, con cartas y correos electrónicos «en los que se mezclan intentos de recuperar la comunicación con insultos, desprecios y vejaciones por su condición sexual». El abuelo y la madre no aceptaban que la víctima, que nació niña, hubiera decidido cambiar de sexo y que tuviera relaciones con mujeres.

Los hechos declarados probados tuvieron lugar en 2017, cuando el perjudicado regresó al domicilio materno tras finalizar el curso en una universidad de Madrid. Los acusados, tras conocer que mantenía una relación con una chica, «y con la finalidad de corregir su orientación sexual», le quitaron el teléfono móvil, dinero y documentación. El joven, que era una chica cuando ocurrieron estos episodios, logró huir de Mallorca gracias a la ayuda de la familia de su pareja.

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La víctima relató en el juicio que al llegar de Madrid su madre le dijo que se olvidara «de su vida, amigos, pareja, estudios, que se tenía que curar» y le daba un plazo de un mes o dos para que encontrara novio. Además, le dijo que si progresaba podría seguir estudiando en Mallorca y que si no lo llevarían «a terapia, a un psicólogo o a un sacerdote para cambiar su inclinación sexual». El denunciante explicó que lo primero que le comentó su abuelo cuando abrió la puerta de casa fue que era «una deshonra familiar», que había «manchado el apellido» y que la prefería prostituta.

En uno de los mails, le escribió: «Sé valiente. Quiero seguir sintiéndome orgulloso de ti. Puedes, decídete, recupérate. Me temo que hayas perdido todos los principios y valores religiosos, éticos y morales que con tanto ahínco y entrega traté de inducirte desde bien pequeñita». En otro correo le escribió: «No admito confundir libertad razonada y razonable con libertinaje, vicio, desviación y manipulación».

La madre admitió que fue un shock saber que su hija era lesbiana, que no lo entendía, pero que nunca ha querido perjudicarla. El abuelo aseguró que aceptó la orientación sexual de su nieto, «aunque no fuera agradable».

La defensa recurre la sentencia y alega que no tuvieron intención de hacerle daño

La defensa del abuelo y la madre ha recurrido la sentencia de la jueza alegando que los acusados no tuvieron intención de hacerle daño. «No hay ningún correo en el que se le desprecie o insulte, sino que en ellos se manifiesta su libre opinión sobre la homosexualidad». El abogado añade que se trata de una opinión libre manifestada a un ser querido «en un momento de shock» y que, una vez asimilada su condición y homosexualidad, «solo se ha pretendido recuperarle a base del cariño». Según el letrado, ese hipotético desprecio «solo existe en la mente del denunciante», que interpreta los correos como un ataque a su condición sexual.