Turistas de fiesta en Punta Ballena, Mallorca. | Youtube Última Hora

30

Sin el esplendor de antes de la pandemia, que incluía borracheras antológicas, peleas masivas entre británicos, prostitutas nigerianas al acecho y violentos carteristas rumanos, entre otros alicientes, Punta Ballena resucitó ayer a medio gas y vivió su primera noche loca del verano. El gran dispositivo de la Guardia Civil y la Policía Local disuadió a los turistas más alocados de que, a las puertas de la quinta ola de la COVID-19, no está el horno para bollos. Y menos en Mallorca.

Ya por la tarde, la calle más famosa de España y no precisamente por sus bibliotecas o teatros, comenzó a desperezarse. Tímidamente. Al caer la noche, las expectativas se confirmaron. Un equipo de Ultima Hora vivió en directo la primera gran juerga en la calle que hace solo unas semanas era un páramo. Lo primero que llamó la atención fue que los visitantes ya no son exclusivamente británicos. Anoche había franceses, italianos y españoles, además de muchos ingleses. La media de edad era de unos 20 años. Y todos, eso sí, con una sed tremenda. «Ha sido un año para olvidar, nos merecemos un poco de fiesta», contó un estudiante inglés vestido de mujer, de despedida de soltero y bastante perjudicado ya antes de la medianoche.

Al principio de la calle, la actividad era como la de otras años, con bares y terrazas abiertas, pero a medida que ascendían, los turistas se encontraban numerosos locales cerrados. Los restauradores, por su parte, dieron una lección de profesionalidad y estuvieron muy pendientes de que se cumplieran las normas contra la pandemia y que nadie sacara sus copas a la calle.

Ya por la tarde, Punta Ballena empezó a cobrar vida, con chicas encargadas de vender tickets y turistas ávidos de una noche loca; la primera en Mallorca
Ya por la tarde, Punta Ballena empezó a cobrar vida, con chicas encargadas de vender tickets y turistas ávidos de una noche loca; la primera en Mallorca.

A las doce, las playas de Magaluf fueron cerradas por orden municipal y los turistas que estaban en la arena fueron desalojados. Algunos regresaron a Punta Ballena, por lo que la avenida empezó a cobrar vida. Casi como antes. Pero todavía a años luz de aquellas bacanales que dieron la vuelta al mundo. Los agentes calcularon cerca de 2.500 turistas en la hora punta, nada que ver con los 12.000 que llegó a juntar la calle en su época dorada.
Pata evitar imágenes bochornosas como las de la Platja de Palma, la Comandancia de la Guardia Civil, en colaboración con la Policía Local de Calvià, montó un operativo conjunto que recorrió Punta Ballena. Estaba formado por agentes del GRS, una unidad de élite llegada de Madrid, y los agentes iban armados con fusiles y pistolas.

Británicos en Punta Ballena
Tras el verano fallido del año pasado por la pandemia, Punta Ballena recuperó ayer de madrugada las juergas de siempre, aunque con un número mucho más contenido de turistas y sin los excesos de antes.

Registros

En las inmediaciones fueron registrados algunos coches, para evitar botellones o venta de estupefacientes en las calles colindantes, pero no se registraron incidentes. Los ingleses, antaño más belicosos, se mostraron hasta comprensivos. O se han ablandado o el aspecto imponente de los GRS tuvo algo que ver. A la una de la madrugada se vivió el momento álgido, con algún conato de pelea que se quedó en nada y cientos de turistas danzando en la calle. A los jóvenes les quedaba una hora de juerga, antes de que Punta Ballena echara el cierre hasta hoy. Y dio la impresión de que ese recorte de tiempo (antes se marchaban al hotel pasadas las cinco de la madrugada) les impidió alcanzar el éxtasis etílico. El clímax por el que quieren visitar esa avenida.

La Guardia Civil registró coches con agentes de la unidad GRS, llegada desde Madrid hace una semana, y que iban fuertemente armados.
La Guardia Civil registró coches con agentes de la unidad GRS, llegada desde Madrid hace una semana, y que iban fuertemente armados.

Muchos de ellos regresaron a sus habitaciones caminando casi con normalidad. No como los zombis de antaño. Y también se echó en falta el atrezzo habitual en esas caminatas al hotel: las prostitutas agazapadas en los callejones y los delincuentes que desvalijaban a los veraneantes tambaleantes. Ayer fue el primer ensayo de juerga general en Punta Ballena y quedó patente que la nueva normalidad ha cambiado, quizás para siempre, los desmadres épicos de antes. Aunque los ingleses tienen fama de tercos y seguro que seguirán intentándolo. Con o sin mascarilla.